miércoles, 9 de junio de 2010

El tema...Relato de terror

Cala Galiota
Los dos jubilados Pedro y Juan salían, como todos los sábados, a realizar su pesca nocturna. Llevaban todo lo necesario en sus hatillos, más aparte las linternas y las cañas. Salieron de puerto en su bote, respirando el aire frio, y envueltos por el único sonido, del suave mecer de los remos…
Navegaban rumbo sur-este, hacia Cala Galiota, donde el remanso de corriente daba aguas tranquilas, ideales para la pesca. Echaron ancla y montaron sus cañas. Lo hicieron todo en silencio, no hablaban, preferían escuchar el susurro del agua. A su alrededor, noche cerrada, noche sin luna, que dejaba sus linternas solas en la oscuridad. Se pusieron cómodos, se taparon con sus mantas y se dispusieron a esperar. De vez en cuando se encendían un cigarrillo; acariciaban la superficie del agua con sus curtidas manos…
Una de las cañas daba cabezazos. Su dueño la sacó del soporte y empezó a recoger y estirar. El bicho era fuerte, muy fuerte, ¿una morena tal vez? Tiraba con todas sus fuerzas y la caña estaba ya tan doblada que tenía forma de gancho.
-Pedro no lo sueltes que ya es tuyo.
A Pedro le temblaban los brazos, ya no le quedaban fuerzas para seguir sujetando al animal. Juan se acercaba para ayudar cuando aquella cosa pegó tal tirón, que se llevó a Pedro al agua y comenzó a arrastrarlo varios metros.
-Pedro, suéltalo y vuelve no merece la pena.
Pedro volvía cuando Juan pudo ver una forma inmensa salir del agua, tenía luz propia que no dejaba ver clara su forma pero sin duda era grande, muy grande. Pedro nadaba como un chaval y aquella cosa volvió a perseguirle. Con ayuda de Juan, Pedro subió a bordo de nuevo. Aterrados como estaban fueron embestidos por la bestia, que se colocó bajo ellos y levantó el bote. Sonó un rugido tan fuerte que tuvieron que llevarse las manos a los oídos, de ellos salía sangre, no podían oir. Las linternas cayeron al agua y su luz se fue alejando hasta quedar en nada. Sordos y casi ciegos estaban, pero la oscuridad no era total. La luz propia de aquella cosa iluminaba tenuemente, lo justo para poder mirarse entre ellos sus rostros aterrorizados. Los dos gritaban y maldecían. La bestia les acometía desde abajo una y otra vez…
Nada. Aquella cosa marchó a toda velocidad hacia levante. Mientras ellos miraban aquel fulgor alejarse y el aliento regresaba a sus agitados corazones, un yate se aproximaba desde poniente. Aquel barco iba a toda máquina y no tenía forma de ver al pequeño bote. Fueron embestidos en boga de ariete. El bote quedó destrozado por la proa y la quilla del yate, mientras las hélices descuartizaron a los dos viejos amigos. Minutos más tarde, cuando la estela del barco se había casi disipado, regresó la bestia… para reclamar sus presas.

3 comentarios:

TERTULIADISPERSA dijo...

Este relato está basado en un hecho real. Dos jubilados que salieron a pescar en su bote y fueron embestidos, por un yate que iba cargado de jovenes cargados de alcohol, que les embistieron y les mataron como aquí se narra. Sucedió en una Cala de Mallorca.
Salva

mar_botella dijo...

Una vez más la realidad supera la ficción...Muy bien construido, conduces al lector hacia el desenlace con fluidez. Y esa terminologia náutica tan precisa?...

TERTULIADISPERSA dijo...

Un escritor que prometeeeeeeeeeeeee¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡