jueves, 29 de julio de 2010

hoy..........nuestra tertuliapictórica


Hoy la escritura ha brillado por su ausencia.




.Verano, calor..ausencias.....

                                                                                Magenta y sus dibujos
                                                                                                  
mar                                                                     mo

miércoles, 28 de julio de 2010

la linea de la vida

Núnca me ha parecido plato de buen gusto saber lo que escondían las lineas de mi mano, he preferido enfrentarme a las cosas tal y como iban llegando.
   No obstante siempre hay alguien que se empeña en rebuscar en tus manos un futuro y el mío según dijeron hace muchos años era de lo más terrible...una vida muy difícil...
Creyéndolo o no, la vida no es fácil para nadie que viva con cierta intensidad y que piense un poco...
pese a todo tengo la suerte de tener esa energía vital que me ha sido dada, me figuro que por los genes , por la educación de unos padres que han permitido que me equivoque y que tan solo me preguntaran si llegaba el caso: si era honesta conmigo misma, y por descontado; ser ellos un ejemplo de Amor , de ánimo, de impulso y de lucha antes las adversidades.
Me han ofrecido su mejor regalo.
   Desde aquí mi amor y agradecimiento.

El ReGrEsO



Después de casi diez días fuera de casa, uno llega necesitando ubicarse de nuevo, necesita soledad y silencio para poder redescubrir todo aquello que has encontrado.
   El curso...el encuentro ha sido apasionante electrizante , alentador, intenso... uno regresa con esa fuerza que otros te transmiten aún sin saberlo.
Necesidad de enderezar aquello que durante el transcurso de lo cotidiano dejas algo dormido...
   Nuevos enfoques, puntos de vista y de vida diferentes, hacen que el encuentro sea una gran experiencia de vida difícil de transmitir con palabras.
...   El análisis, el tesón, el trabajo, la fuerza interior,el optimismo, el mantener la curiosidad y la sonrisa del niño que llevamos dentro...
   Aprender a ver con más profundidad  la sencillez de lo grande y la grandeza de lo pequeño.
conversaciones,pasión por descubrir,encuentros mágicos...con fuerza para regresar a buen puerto.

martes, 27 de julio de 2010

ME HE QUEDADO SIN PALABRAS

                                         






























atardecer en Luarca (Gijón)
                                                                  





jueves, 22 de julio de 2010

PuRo TeATRo

Somos muchos los que nos hemos criado o mejor dicho malcriado bajo los acordes de aquella bonita canción de La Lupe:
- teatro, la vida es puro teatro.
En ocasiones, este, el teatro nos sale al encuentro y no precisamente en un patio de butacas, en un escenario. La vida, como decía La Lupe es puro teatro y muchas veces nos sale al paso en una esquina, en la barra de un bar o en la cola del banco.
El pasado sábado sin ir mas lejos tuve oportunidad de vivir un gran momento, un momento lleno de teatro o lo que es mejor, lleno de vida.
Curiosamente y apenas un par de horas despues de asistir a una representacion teatral en un pueblo cercano a valencia, el teatro salió a mi encuentro y no en una moderna casa de cultura, ni bajo los focos de un escenario.
Tan solo un par de horas después el teatro se cruzó frente a mí en la barra de un sucio bar. Y allí apoyado en esa barra, no solo lo viví, sino que interactué y terminé entrando en la representación.
Eran cerca de las 2 de la madrugada y decidimos después de salir del teatro y cenar, tomar un café. Todo, excepto los pubs estaban cerrados,.De camino, Pedro, un amigo, recordó que a un par de manzanas había un bar que estaba abierto toda la noche, el sandra´s.
Hacia allí nos dirigimos con la mirada firme y las manos en los bolsillos. .

No era la primera vez que tomábamos algo allí. El Sandrás es uno de esos bares llenos de vida en los que las historias que allí se viven son proporcionales a la cantidad de mierda que se acumula en los cristales. Somos verdaderos fans de estos establecimientos.
Una rápida ojeada nada mas entrar me situó de inmediato, en la mesa mas separada había asentados un par de árabes hablando muy bajito envueltos en una nube delictiva que disimulaba los tejemanejes que se traían por debajo de la mesa.
Un poco mas cercanos había un grupo de sudamericanos que ahogaban las penas del sábado noche con cerveza mientras compartían conversación con una mujer ya entrada en los 70 que se hacia compañía a ella misma en una mesa situada justo detrás de nosotros que consumíamos en la barra..
Bastaron unos segundos para que mi amigo Pedro con un leve movimiento de cejas me indicará el objetivo a descubrir. Demasiado tarde, somos fans de este tipo de bares y sobre todo somos fans de su clientela. Aquella mujer estaba pidiendo a gritos un monologo. El caso es que no se hizo esperar, cuando termino de darles la receta de pollo a la cordobesa a la mesa de los sudamericanos se giró hacia nosotros y dirigiéndose a mi amigo comenzó a hablar en voz alta.
 Oye guapetón, no me des la espalda que estoy aquí, que tienes cara de ángel, tesoro, vida mía…
Pedro, que no se corta un duro, le contesto:
- vaya `pues muchas gracias por el piropo, se agradece.
Oye, le dijo ella ¿estas casado?
No le contestó mi amigo
Ayyy grito la señora al tiempo que se levantaba de la silla dando palmas con las manos.
Oye guapetón, que sepas que estoy soltera y sin compromiso.

Hasta entonces yo permanecí atento a la representación en ese momento teatro que tanto estaba disfrutando.
Oye, oye…. Guapetón, soy cordobesa…
Una ciudad muy bonita le dijo mi amigo. Yo hice la mili allí, en Cerro Muriano
Y el también, le dijo al tiempo que me señalaba, metiéndome de golpe en escena.
De nuevo la euforia se desataba en un momento muy Berlanga en el que la señora se volvió a poner de pie dando gritos al tiempo que decía al camarero.
- Manoolo, estos dos hicieron la mili al lao de mi pueblo.

En el fervor de la fiesta hubo un momento en el que la señora no reparó en que mi amigo se metía en el water. Servidor se dio la vuelta discretamente, pero demasiado tarde, ya me había convertido en un personaje mas de la función.
Así Mientras charlaba en la barra con una amiga que nos acompañaba, empecé a escuchar:
- Oye, oye guapo que a ti no te he dicho na, no me des la espalda hombre…
Que remedio. Me giré y saludé. Hola
Hola guapetón, me contestó, ayyyy esa perilla que me quita el sentio
Perillita, perillita… me dijo, ustedes dos (señalando a la amiga con la que estaba hablando)
No, le dije yo, somos amigos.
De nuevo la euforia se apodero de ella y comenzó a jalear y dar palmas.
- Ay que alegría mas grande, ¿Dónde esta tu amigo? Digo que me quedo con los dos, que os voy a comer too decía con sinuosa voz al tiempo que dejaba rozar su lengua de sinuosa forma por entre los dientes, mas concretamente entre los tres dientes, que eran los que tenía…..
Ya mientras pagábamos se volvió a dirigir a mí de nuevo:
- Perillita, oye perillita puedes venir, me dijo
Una vez me acerqué a la mesa, ella me cogió la mano y en voz baja, casi susurrando me dijo:
- te puedo hacer una pregunta en serio…¿tienes mujer?
Si, le dije muy serio.
Ella cambio inmediatamente la expresión de su rostro, se puso seria y me dijo:
- Que sepas que me has tocao, te has quedado clavada en mi corazón y perdona si te he molestao.
NO pasa nada le dije mientras intentaba contener la respiración para no sucumbir victima del olor a cazalla que salía de su boca. (Además para una vez que me echan un piropo)
Adiós perillita.
Adiós. Por cierto le dije yo:
¿Vienes mucho por aquí?

HaY DiAS


Hay días en los que el magenta torna su intenso tono a oscuro, a magenta oscuro.
Días en los que la opacidad envuelve con descaro el devenir cotidiano.
Días en los que cuesta ver más allá de nosotros y nuestros monstruos.
Días de continuo estado en “Of.” y permanente ausencia.
Días de veneración al pasado y a los que ya no están.
Días de regocijo arropados en nuestras propias miserias.
Días de exilio en el sillon de nuestra casa.
Días de silencio a golpe de zapping.
Días de nada en los que la nada se convierte en todo.
Días en que todo no es nada….

sábado, 17 de julio de 2010

UN POCO DE POESÍA


..La poesía es como el viento,
o como el fuego, o como el mar.
Hace vibrar árboles, ropas,
abrasa espigas, hojas secas,
acuna en su oleaje
los objetos que duermen en la playa..."
José Hierro
(España, 1922 - 2002)

Imagen: "Sleeping Muse"
Constantin Brancusi Rumania - 1876-1957

TeNgo que IrMe A DoRmiR




Ahora si que me voy y de verdad estaré desconectada de estos medios.
    Tengo que ir a dormir, mañana me levantaré a las 7,30 y no puedo dejar el despertador sonando...
   Después de estar las dos enganchadas de la espalda (Carme y yo)  con sendos almohadones y cargadas de medicinas haremos un largo recorrido en tren.

   Los cursos, los encuentros suelen ser muy mágicos, no solamente por las técnicas que aprendemos , más importante aún es para mi , las personas con las que me encuentro...es una sorpresa...como cuando abres el horno para ver como han quedado las piezas...siempre una ilusión nueva y distinta.

En uno de estos encuentros conocí a Carme Riu una gran ceramista y con un valor añadido es una persona especial, puede parecer al principio un poco "aspera", con texturas como sus cerámicas pero es delicada , llena de amor, de fuerza, de sensibilidad......podría escribir más ...pero es imposible definir a una gran mujer como Carme.

.....Cuando volvamos continuaré escribiendooooooooooooo ahora a dormir , mañana empiezan unas maravillosas vacaciones de dos Amigas en tren.
un abrazo muy fuerte a tod@s

jueves, 15 de julio de 2010

despertar de un domingo en la playa



De súbito han entrado los niños en el dormitorio....abuela, abuela he escrito un cuento...y allí estaba Inés leyéndome el cuento titulado "luz centella"...una niña que al fin conseguía lo que más le gustaba del mundo, en este caso las golosinas.El final  fantástico...cuanto contado ya se ha acabado.
   Después de este grato despertar he ido a desayunar, antes he comprado el Pais, un artículo en el que lo que más me ha interesado es la siguiente frase que transcribo literalmente:
"cuando era niño quería cambiar el mundo. Cuando era joven quería cambiar mi país.cuando era adulto quería cambiar a mi familia. Y ahora que soy anciano y que estoy a punto de morir, he comprendido que si hubiera cambiado yo, habría cambiado todo lo demás".

    llega un  monento en nuestras vidas en la que los miedos y las carencias marginan nuestros sueños haciéndonos sentir unos miserables....si optamos por continuar con una vida construida por las normas preestablecidas , la gente que nos rodea cree erroneamente que somos felices, la realidad es otra, nos vamos alejando de nuestra verdadera esencia y nos convertimos en alguien que no somos con las consecuentes frustraciones.
   Cuando sabemos quienes somos, de dónde  venimos, y descubrimos dónde queremos llegar, estamos preparados para decidir  hacia dónde queremos ir ,escuchando nuestra voz interior,nuestra intuición y nuestro corazón ...solo hace falta una cosa...un proposito...ser lo que uno quiere ser, con valentía, sin miedos,con esa fuerza interior que nos empuja..y si no la hemos encontrado ...a por ella...todo es posible..solo depende de uno mismo, podemos ser lo que nos propongamos si lo hacemos seriamente.

Escalada al Miguelete



Si, volví a subir al Miguelete, siempre es una experiencia fantástica, hace que retroceda en el tiempo, cuando era pequeña me daba miedo, las escaleras estaban muy desgastadas, parecía que en cualquier momento ibas a caer rodando por aquél estrecho y laberíntico espacio.
    Pasados los años he vuelto a subir en distintas ocasiones...con mis hijos, con amigas que visitaban Valencia  en una ocasión tuvimos la suerte de encontrarnos con un concierto de campanas, fue impresionante, sentadas en un pequeño espacio circular las campañas eran volteadas emitiendo unos sonidos realmente emocionantes.

 En otra ocasión tuve una cita en en lo alto de la torre...también una gran experiencia, un lugar maravilloso donde quedar con un amig@,algo especial para recordar toda la vida.

 Hace una semana volví a subir, mis ojos miraban más, veían más, acariciando las paredes como lo había hecho en  otras ocasiones. Ya no tenía miedo .
    Al llegar a la parte más alta...la vista maravillosa..mis ojos buscaban el mar,las montañas, las torres, el cauce del río, el casco antiguo, la plaza redonda, los campanarios..La ciudad ha sufrido transformaciones...el Cabañal está desapareciendo , grandes edificios muestran una ciudad diferente.
Esta vez subí con Magda, Carme se resentía de las rodillas y prefirió no subir.
  Parecía que no nos costaba esfuerzo subir ni bajar perooooo cuál fué mi sorpresa al sentir como mis piernas al llegar al final empezaron a temblar,tenía un dolor agudo sobre las rodillas, parecía que había escalado el Everest...y no...Simplemente habían pasado los años y este cuerpecito casi no se había dado cuenta.
   El resumen de esta historia, tan real como la cuento fue que a la semana empecé a cojear y a sentir que no podía andar como era habitual en mi..es decir..prácticamente corriendo.
De urgencias me llevó uno de mis hijos al médico y......el resto no es necesario contarlo, hoy doce días después de la subida "al Everest", puedo de nuevo andar , pero sé que seguramente no volveré a escalar el Miguelete...de todas formas no importa , le he conocido, ahora descubriré nuevos lugares.

Y para que conste en acta una foto en la parte más alta de nuestro histórico MIGUELETE. Fué un día muy feliz.

Aparato AnTimosquiTos



Hay detalles que por su gran sencillez merecen un monumento.
    Llevo varios días conviviendo con la familia de mi hijo que también considero parte mía...
Sin los encuentros amorosos de todos nuestros antepasados aquí estarían otros y nuestra vida no habría sido posible...mi agradecimiento a todos ell@s por hacerme pasar momentos inolvidables como estos.
   El caso es que llevo más de una semana en la playa y ningún mosquito ha entrado en mi cuarto...¡ayer me di cuenta!... alguien sigilosamente, cada noche ha realizado el mismo ritual... ha pensado en mi... ha enchufado ese pequeño aparatito casi mágico que evita que los mosquitos te achicharren y por la mañana lo ha desenchufado, sabe que soy despistada, me conoce bastantes años... todos los que él tiene.
   Este ritual que a simple vista puede parecer nada, para mi es tremendamente hermoso.. repleto de significados que me llenan de emoción.
A partir de ahora este pequeño aparatito me recordará que alguien piensa en mi y me quiere...

Microrelatos [1-6]

GEMELAS IDÉNTICAS

Tras la muerte de sus padres, y recibir una considerable herencia; una de ellas decidió matar a su hermana, para no tener que compartir la misma. Ahora, vive una doble vida.


LISA, LA GATA HISTÉRICA

Protestaba maullaba gruñía hasta berreaba. No podía ser, le había puesto comida esta mañana. Me acerco a comprobar. Y allí está la comida, perfectamente conservada dentro de su bolsa.


SI, MI GENERAL

Los puros de mi capitán habían desaparecido, no podía ser. Me mataría si no los encontraba. Recordé haber pasado por las oficinas y allí fui a buscar. Nada más llegar, me tropiezo con el general García. Le pregunto, y él me responde con serenidad pasmosa:
-No he visto ningún puro soldado.
Luego, vuelve a colocar el habano en su boca, y prosigue su camino con aire insigne, con mirada firme.


BLANCA Y LOS SIETE COCINEROS

La encontraron en el bosque, harapienta, dormida… perdida del todo. La llevaron a su casa. Allí le prepararon un banquete, sobrecogida comió y comió. No reparó en gula ni indigestión. Tragaba, si no engullía. Comía las delicias que los pequeños talentosos le habían preparado. Siete eran, pequeñitos y rechonchos.
Le decían que debía reponer fuerzas, pero así siguieron días, semanas. Ella cuidaba su casa y a cambio ellos le daban de comer, engullir, cebar. Había engordado, tenía las mejillas ya redondas.
Un día mientras tragaba con los modales olvidados, un golpe seco y certero en la nuca. Al despertar, se sentía impedida, una suerte de hiervas paralizantes le dijeron. Era necesario, pues si iban a cocinarla debía estar viva para que las carnes resultaran tiernas y jugosas. La cocinaron, si. Y la comieron con exquisitos modales.
Blanca era, aunque la sirvieron bien dorada.


EL PEZ QUE SE CONVIRTIÓ EN PERSONA

Hubiera preferido tener alas, y no vivir en esta jaula de metal y cristal. Fue a casa de unos amigos, pecera, en ella hundió su mirada. Llega a casa, llora, lágrimas y lágrimas saladas.


OVEJAS

Las dos abejas reina peleaban. Solo una podía reinar, solo una podía sobrevivir. Al terminar el combate una de ellas sale victoriosa, todas las demás deben seguirla ahora. Ninguna recuerda tener alas.

martes, 13 de julio de 2010

La felicidad


¿Qué es la felicidad? Debe ser este estado de placidez que siento cuando rodeo su cuerpecito con mi brazo y, al percibirlo, se gira despacito para rodearme a su vez con su bracito. O, al despertar, si está de buen humor, cuando me dice “Buenos días mamá”. O en ocasiones, cuando está viendo sus dibujos en la televisión y sin motivo aparente me mira y con la voz suave me dice “¿pero, cómo te puedo querer tanto?...También me fascina cuando me cuenta sus confidencias, el estado de sus amoríos o el de sus amigos, sus temores o lo que le avergüenza, o ese arrebato pasional que hace que se arroje en mis brazos y me bese sin freno 350 veces por segundo.
O, simplemente mirarle cuando duerme. Mirar la perfección de su carita, sus grandes manos, la silueta de sus labios o sus heridas rodillas.
Sin ningún género de dudas, mirar a tu hijo en cualquiera de sus facetas es alcanzar la felicidad.

lunes, 12 de julio de 2010

PATRicK

Habían transcurrido cerca de dos años desde la publicación de su anterior novela. Miles de lectores estaban ansiosos de tener entre sus manos la nueva obra de Patrick Galleguer, que ante la insistencia y amenazas de su editor, había decidido trasladarse durante unas semanas a un lugar tranquilo, alejado, donde poder escribir sin ningún tipo de presión. Martín Cooper, su agente, confidente, y amigo, se había encargado personalmente de buscar el sitio adecuado. Una casa de campo de dos plantas, de sobrias formas y adusto carácter, en medio de un frondoso bosque de difícil acceso.
Conduciendo de camino a la casa, Patrick intentaba dar forma mentalmente a un posible argumento que le rondaba la cabeza durante días, y que esperaba pulir inspirado por el aura misteriosa, que según Martín transpiraba aquella estancia.
Llevaba casi cuatro horas al volante por lo que Patrick decidió parar en un arcén y estirar un poco las piernas. Después de fumarse un cigarrillo, abrió el maletero en busca de una grabadora que recordaba haber guardado en su bolsa de viaje.
Había empezado a anochecer, soplaba un fuerte viento y Patrick, totalmente entregado a la música que sonaba en su MP4, no reparó en una presencia extraña que antes de que pudiera reaccionar, le había golpeado en la cabeza mientras rebuscaba en el maletero. Lo que Patrick nunca llegó a imaginar, es que acabaría convirtiéndose en el protagonista de una de las terroríficas historias que tanto gustaban a sus lectores.
Cuando abrió los ojos, descubrió horrorizado que se encontraba maniatado en el interior del maletero. Un trozo de cinta aislante cubría su boca impidiéndole pedir auxilio. Patrick intentó mantener la calma pero la situación era cada vez más angustiosa. El coche seguía en marcha mientras notaba su piernas cada vez mas entumecidas. La herida de la cabeza no dejaba de sangrar, y empezaba a tener problemas para respirar. El olor a gasolina era insoportable pero Patrick no perdía la esperanza, si su secuestrador le mantenía con vida, aun tenia posibilidades de salir de allí.
El vehículo continuaba acelerando mientras lejanos ecos de una insistente sirena de policía llegaban al interior de aquel inhóspito maletero. Poco a poco el sonido de las sirenas se fue alejando hasta desaparecer. Un rotundo frenazo acabó con la cabeza de Patrick golpeando contra la caja de herramientas que guardaba en el porta maletas y que le hizo perder el conocimiento de nuevo.

- Sr. Cooper, siéntese por favor. Soy el Dr. Douglas, Trent Douglas, dijo al tiempo que extendía su mano.
- ¿Es usted familiar de patrick?
- No, en realidad soy su agente, su amigo. Contestó Martín mientras tomaba asiento.
- Verá Sr. Cooper No tengo muy buenas noticias para usted.
- Patrick ha… preguntó el agente temiéndose lo peor.
- No, Patrick no ha fallecido, pero su estado es crítico. Acompáñeme por favor, dijo el doctor.
Martín caminaba ausente tras el medico por los gélidos pasillos del hospital. Entraron en una habitación. Patrick, o lo que parecía ser el, reposaba postrado en la cama, con el cuerpo y la cabeza envuelto en gasas, rodeado de goteros y aparatos a los que estaba conectado. Martín permanecía a escasos dos pasos de la cama, sin poder reaccionar cuando se le acercó el doctor.
- La policía pudo rescatar a Patrick del interior del maletero. Cuando el secuestrador se vio acorralado por la policía, después de una enfebrecida persecución, este huyó, pero antes prendió fuego al vehiculo con Patrick en el interior. Su amigo ha sufrido importantes quemaduras. Me gustaría ser más optimista pero es difícil que salga del estado de coma en el que se encuentra.


He debido de haberme golpeado de nuevo en la cabeza, me duele, me duele mucho… El coche sigue parado, oigo voces. Quizás sea la policía que ha localizado el vehiculo. Oigo voces pero no puedo gritar, ni moverme, no puedo ver….
Sáquenme de aquí….

jueves, 8 de julio de 2010

Lunes

Suena el despertador, son las ocho en punto. Desayuno y me bajo a correr, no mucho, no vaya a ser que me canse. Luego voy a Verdecora; compro unas plantitas nuevas para dar vida a mi casa. Por el camino, y durante toda la mañana, voy pensando de forma intermitente en mis últimas conquistas, y las voy comparando con las futuras e hipotéticas, y procuro reflexionar y sacar conclusiones, y analizarlo todo bien, bien, bien. Llego a casa con mis nuevas plantas. Esta vez he comprado también tierra para trasplantarlas, ya no se me morirán tan fácilmente. Les quito las hojas secas, trasplanto esa que es más frágil, las riego con el abono líquido ese, y les doy un poco de agua a las hojas con el pulverizador. Como pronto, ya que quiero bajar a la piscina a la hora de la siesta. No me gusta hacer la siesta ni sociabilizar con mis vecinos pijos y además… enseguida se llena. Estando en la piscina pienso en la poca familia que me queda, en el poco contacto que tenemos, ya que siempre ha sido así. Y ya se sabe que las viejas costumbres son difíciles de romper... Retozo dentro del agua intentando liberarme de mis sentimientos de culpa y de tanto análisis que me ha puesto dolor de cabeza, ¿o será el Sol? Esta tarde juega España. Pero juega a las 20.30, ¿qué podría hacer hasta entonces? Ahí es cuando me acuerdo de que tengo que comprar un carrito de la compra nuevo, su aspecto ya no se arregla con el programa cinco de la lavadora y luego el B, ese de aclarado y centrifugado. Subo a mi casa refrescado y después de ducharme para quitarme el olor a cloro, (no soporto el olor a Cl-), cojo el coche para ir a los chinos. Si si, han leído bien, mi barrio es tan gris y vacío de todo, que tengo que coger el coche para ir a cualquier sitio. Una vez en la gran superficie “Muralla Feliz”, pienso que ya puestos, podría dar una vuelta por esa tienda de barrio, donde bien podría caber un Mercadona, para encontrar lo que en mi concepción espartana del hogar, serían objetos inútiles; pero que desde la perspectiva de una chica son totalmente imprescindibles, provocándome la sensación de que sin ellos la casa padece algún tipo de enfermedad, como goteras o aluminosis. Finalmente la falange se impone, y vuelvo a casa únicamente con cosas útiles, que le vamos a hacer. Ups! Y un centro de mesa, no está todo perdido. En el descanso del partido me llama Jose, antiguo compañero camata, para decirme que he sido idiota, que tendría que haber ido a trabajar con ellos ese día. Es cierto, me ofrecieron la posibilidad de ir a hacer una extra a un restaurante de pueblo, algo que me tendría enmarronado todo el día, y dije que no. Jose fue claro, él al igual que yo, puede pasar sin ese dinerito extra. Él lo hace porque le gusta. Si, le gusta estar constantemente trabajando, gastando sus días libres en hacer extras para luego gastárselo en copas saliendo de noche. El trabajo es una necesidad sí, pero que me dicen de todas esas personas que lo utilizan para no reflexionar sobre sus vidas, e intentar hallar la forma de mejorarlas; las que acaban usando el trabajo como un refugio de sus propias vidas, porque no tienen nada mejor que hacer. En fin, España ganó, y como había cenado un bocadillo durante el partido, al terminar el mismo, escribí este relato y me acosté pronto para levantarme otra vez a las ocho… como los niños buenos.

Luis-esperar-cadencioso…sex-shop.

En la calle Cáceres había un sex-shop. Todo el mundo conocía esa calle por tan golosa tienda. En un país en crisis, las viejas diversiones, las más simples y básicas, eran las principales aficiones de la sociedad, para olvidar sus preocupaciones y evadirse del no-empleo y la hipoteca.
Luis llegó a esa calle con sus cascos puestos, escuchando Depeche Mode en su MP3; el LP Violator, concretamente. Se detuvo frente al sex-shop, sonrió levemente. Remiró el escaparate opaco. Miró su móvil, y se dio media vuelta. Entró en la librería de enfrente, y se puso a mirar en la sección de grandes clásicos, luego pasó a la ciencia ficción y de esta a los libros de autoayuda. Todo esto aderezado con “world in my eyes”. Luis seguía el ritmo de tan maravillosa canción de forma cadenciosa, casi sensual. Una dependienta interesada un poco en lo que Luis pudiera hacer allí, se le acercó a preguntar con una sonrisa:
-Hola buenos días, ¿le puedo ayudar en algo?
-No gracias, estoy esperando a alguien.
La dependienta, un tanto confusa, se alejó de él sin retirarle la sonrisa, y volvió a sus quehaceres para mirarle de reojo, de vez en cuando.
Luis seguía escuchando a Depeche, esta vez “Personal Jesus,” y había vuelto a cambiar de sección. Apenas cogía un libro lo dejaba enseguida, y nunca lo abría para leer un rato su interior. Otra vez miraba el móvil. Un profundo suspiro, y un agarrón a un libro que ni siquiera sabía si lo había cogido boca arriba o boca abajo.
Pasaron un par de minutos y un joven entró en la librería, llevaba un bolso enorme, y una camiseta que parecía un uniforme. Fue directamente a Luis y le agarró del brazo. Éste, se giró y con una amplia sonrisa le dijo:
-Ya era hora Carlos, mi cielo.
-Fíjate bien, esto es para tí.
El joven abrió su bolso y le mostró el interior a Luis. Un consolador de formidables dimensiones de nombre “Violator”. Luis, temeroso, miró a los ojos de Carlos con estupor al tiempo que sonaba en sus cascos y para su sorpresa, la canción “I Feel You”. Tras abrumadora carga emocional, Luis tan solo pudo decir:
-Vaya, esta canción no pertenece a Violator.

SODA CÁUSTICA



1451. Peter Schöeffer concentró su atención en el papel que sostenía entre las manos. Era de una calidad inmejorable, con la justa proporción entre las telas, la celulosa y el agua. Convenientemente blanqueado con soda cáustica, la densidad de su gramaje le hacía idóneo para la imprenta que su jefe había inventado a partir de una vieja prensa de uvas y unos tipos móviles de plomo más resistentes que los de madera, sin lugar a dudas.
Parecía que, al fin, los recelos de Johannes con respecto de su invento se habían esfumado y podían dedicarse por entero a la edición de la “Biblia de las 42 líneas”. El viejo Johannes colocaba él mismo los tipos de cada página, entintaba y después ponía esa maravilla de papel que les había traído de España, de donde se comentaba que esta técnica de impresión ya estaba siendo utilizada, así como en Bélgica, Italia y otros lugares de Europa. Desde luego había que reconocerle al viejo que, gracias a su actividad secreta, al utilizar el plomo en lugar de la madera u otros metales menos resistentes, se había convertido en el inventor de la imprenta moderna. Pero tal vez esos recelos le habían trastornado un poco…
-¡Peter, Peter, mira la composición de la primera página!. No quiero que haya ningún fallo. En cuanto la tenga voy a llamar a esa rata de Fust para que vea donde ha ido a parar su dinero.
-Creo que no se ha cometido ningún fallo, señor. El hueco para iluminar la primera letra inicial mayúscula se ha acotado y el texto no tiene ninguna falta de ortografía. Los márgenes se respetan a ambos lados y también arriba y abajo. Ha respetado las 42 líneas en cada columna que compone la página…en resumen, creo que está bien, señor.
- Muy bien, muy bien – respondió el viejo mientras caminaba de un lado a otro del taller- prosigamos, joven Peter, prosigamos.
Así transcurrían los días en el taller de Gutemberg en Maguncia, días llenos de trabajo y de temores. A Johannes le aterraba que alguien conociera su descubrimiento y le arrebatase toda la gloria que le correspondía. A él, sólo a él y a nadie más. Durante aquel año que fue el empleado del viejo, Peter aprendió todo lo referente a la impresión y también a la edición de libros, gracias a la sagacidad del depredador de Johann Fust, el que prestó el dinero al señor Johannes para financiar su empresa.
Al año siguiente, el jefe presentó la Biblia de Gutemberg debidamente acabada, las iniciales iluminadas a mano por un experto profesional y rubricada a mano después de impresa. Una primera obra que dio paso a 158 ejemplares en los tres siguientes años y a la ruina económica de Gutemberg, quien finalmente vio realizados sus más íntimos temores al tener que pagar una considerable deuda contraída con Fust con la entrega de su maravilloso invento.
Lo que el viejo Johannes ignoraba es que Peter, su empleado fiel, había contraído matrimonio con Christine Fust, convirtiéndose en yerno del hombre que le arrebató su razón de vivir y su prestigio profesional.
-Lo mejor de todo es que yo gané todo lo que él perdió… ¡Pobre viejo!- De su boca salió una  mueca torcida cargada de maldad.
Años después y, tras intentos de reanudar su actividad impresora, el viejo Johannes moría en la más absoluta pobreza, aunque consiguió que la Historia le reconociera como el inventor de la imprenta de tipos móviles que daría paso a la edición de libros tal y como ahora la conocemos.

¿QUIÉN......

¿QUIÉN LA DEFENDERÁ DE SU BELLEZA?

¿Quién es el que forzado a ti me lleva
Ay de mí, ay de mí, ay de mí,
Atado y preso que no libre y suelto?
Si me has encadenado sin cadenas
Y sin brazos ni manos me sujestas
¿Quién me defenderá de tu belleza?

Miguel Ángel Buonarroti (Rime 1,7)

  
Llevaba toda la vida apretando caricias que se escapaban de sus manos al abrirlas buscando cuerpos que no eran el suyo. Llevaba toda la vida recibiendo besos que acababan durmiendo en el cajón de la ropa. Llevaba, en fin, toda la vida atesorando fracasos. En sus treinta y tres años de existencia había conocido a varias mujeres, se había desvivido por unas cuantas y se había enamorado de algunas más. Y entonces llegó ella, para desordenar su aburrido mundo.
La conoció en una cena de trabajo, ojos verdes, pelo oscuro, no muy alta, preciosa sin lugar a dudas. En un instante cayó cautivada por aquella sonrisa de niña que iluminaba su rostro. Y un buen día se descubrió sonriendo ella también sin motivo alguno. Aún recordaba las primeras caricias tímidas, el placer de explorar la piel deseada, tan delicada al tacto. Conquistar su ombligo con la punta de los dedos, paladear el sabor de su boca, descubrir el olor de su cuerpo, resbalar por su cuello hasta acabar en sus pechos. Esos recuerdos aún concitaban en su epidermis todos sus sentidos fascinados. Pasó una semana, y luego un mes, y así hasta un año. Pero una noche se rompió el hechizo, y la chica de ojos verdes se dio cuenta que en vez de haber estado durmiendo con la princesa, lo había hecho con la rana.
Pensaba en ello mientras hacía un pequeño equipaje para viajar a París. No quería seguir llenando el resto de sus días de recuerdos, quería comenzar a crear la vida que luego sería pasado. Metió en la mochila un par de vaqueros, alguna camiseta, aquella libreta de tapas azules, en la que había comenzado a escribir, un libro y se dirigió al aeropuerto. El vuelo fue corto, con un pequeño sobresalto en el aterrizaje. Cuando un avión aterriza uno no llega a su destino sino al espacio neutro de la terminal de llegadas y allí se dejó llevar por la multitud que subía por las escaleras mecánicas hacia la salida. Cogió un taxi y se dirigió al hotel. Se duchó, tomó un café rápido y salió a la calle.
París es una ciudad hermosa pero esta vez no eran sus calles lo que quería recorrer, sólo quería alejarse del bullicio de los turistas. Quería pasear por el cementerio de Montmatre, por sus arboledas, sentarse en un banco e imaginar a su lado su adorado Stendhal, experto como ella en amores fracasados. En los cementerios franceses hay más vida de la que parece y tal vez, cuando se cerrara la noche, Adolphe Sax interpretara al saxofón una composición de Berlioz para que Nijinski bailara. Y quizás, Degas sacara sus pinceles e inmortalizara la escena. Nunca había querido que la enterraran al morir  pero viendo la grandeza de aquellas tumbas se replanteaba la idea. Siempre había deseado una incineración y no quería que sus cenizas fueran depositadas junto a un árbol, ni lanzadas al mar. No. Quería que las tiraran por el inodoro. Imagínense la estampa, sus seres queridos llorando junto a la taza del váter.
Al día siguiente pensaba pasar por alguna de las librerías de viejo de la ciudad. No buscaba un libro en concreto, prefería que el libro la encontrara a ella.
-       Ojalá existieran esos libros mágicos en los que se puede cambiar el pasado.- Pensó al abandonar el cementerio.
Si existieran intentaría borrar aquella noche en la que no fue capaz de besar sus labios por última vez, en la que quiso explicarle tantas cosas y las palabras no salieron de su boca, siempre le fue más fácil escribir que hablar. Pero el pasado no se puede cambiar, solo  le quedaba apelar al futuro. Tal vez habría una segunda oportunidad. Porque sino  ¿Quién la defenderá de su belleza?.    

La frase: LLevaba toda la vida apretando caricias

VOLAR ES CUESTIÓN DE FÍSICA,EQUIVOCARSE HUMANO

VOLAR ES CUESTION DE FÍSICA, EQUIVOCARSE HUMANO
Felicitas Martín estaba haciendo algo tan banal como asistir a una conferencia del Max Planck Institut en la Casa del mar de Alicante, donde Oriol Sirac explicaba los misterios y paradojas de la física cuántica. Hacía seis años exactamente que su vida había dado un vuelco y el causante de ello estaba de pie en uno de los laterales de la sala, concentrado en las palabras del orador. Con su inseparable camisa de cuadros y su pantalón claro con la raya bien planchada, Eduardo Izquierdo era uno de los ponentes invitados. Su fisonomía no había cambiado en estos años, cejas pobladas y un pelo ligeramente cano seguían siendo sus señas de identidad. Oriol Sirac había concluido su intervención y Eduardo se dirigió a la tarima con paso firme, nunca dudaba, era uno de esos engreídos sin escrúpulos que solo guardaban fidelidad al dinero, se creía especial. Ajustó los micrófonos, dio un rápido vistazo a la sala y la vio. Ella no pudo rehuir la mirada de aquellos ojos bicolor, inconfundibles, que seguían siendo fríos  e inquietantes. Él, tras un instante de duda, movió ligeramente la cabeza, fijó la vista al fondo de la sala y  comenzó su oratoria con una ligera sonrisa, casi una mueca, que puso en tensión su rostro. Felicitas, en realidad, no había pensado quedarse a escucharlo pero, porque no admitirlo, la curiosidad la había hecho permanecer allí cuando los aplausos dieron paso a Eduardo. Al tiempo que oía la intervención, recordaba aquellos años en los que ambos trabajaban en el centro de investigación de Flugroute Corporation desarrollando aleaciones de aluminio. Felicitas era la jefa del departamento, había sacado cinco décimas más que Eduardo en la prueba de acceso al puesto. Él no llevaba nada bien ese asunto, por eso cuando se destapó el caso de los vertidos ilegales hizo todo lo posible para culparla. La jugada le salió redonda, ella acabó en la calle y él ocupando su despacho. Mientras Felicitas clavaba sus ojos en Eduardo, su cerebro emitía a toda velocidad un informe sobre la forma más factible de vengarse.
No esperó al cóctel, salió de la sala y enfiló el coche por la Avenida de Loring hacia su casa. Veinte minutos después estacionó en el garaje de su adosado. Entró por la puerta de la cocina, se sirvió una copa de vino y con ella en la mano se dirigió al salón. Encendió el equipo musical, necesitaba relajarse, Michael Bublé y su versión de Feeling good lo invadieron todo. Recorrió la casa hasta llegar a su despacho y cogió las llaves del sótano, antes de salir se detuvo un instante a contemplar la fotografía de Neil Amstrong pisando la luna que colgaba junto a la puerta. En el sótano, una pizarra repleta de números y un extraño artilugio la estaban esperando. Se le hizo de día entre fórmulas químicas, vectorizaciones de empuje y ecuaciones de Euler pero esta vez creía haber solucionado el problema de los propulsores. Llevaba tiempo intentando mejorar el cinturón cohete, un par de ajustes más y la autonomía de vuelo sería suficiente para ejecutar su plan. Miró el reloj, era temprano, todavía tenía tiempo para tomarse un café y darse una ducha rápida. Trabajaba en las vetustas instalaciones de un instituto de secundaria de Alicante, impartiendo clases de física. Felicitas era una profesora brillante sobre la cual se habían desatado algunos rumores. Era una mujer joven y solitaria, sin grandes amigos, de largo pelo rubio. Se trataba de una persona perspicaz, ordenada, racional, poseedora de una mente analítica y una extraordinaria capacidad para el cálculo, cualidades imprescindibles para una física cuántica. Años atrás jamás hubiera pensado dedicarse a la enseñanza pero ahora ejercía su labor con pasión, intentando cautivar a sus alumnos.
Durante las semanas siguientes se dedicó trazar un plan para acceder a las oficinas de Flugroute Corporation situadas en la zona noble de la ciudad. Pilotaría el cinturón cohete hasta allí, aterrizaría en la azotea y después se descolgaría por la fachada hasta la oficina principal. Cogería prestados algunos documentos relacionados con el vertido que originó su despido y se los entregaría a la prensa. Había planificado el golpe concienzudamente. Conocía cada rincón de aquel edificio, los horarios de entrada y salida del personal y el sistema de seguridad no le supondría ningún problema, había pirateado las claves. Como toda buena física era minuciosa, cuidando todos y cada uno de los detalles, no había pasado por alto ninguno. Todas las posibilidades habían sido analizadas y contaban con una solución. No había lugar para la improvisación. Y lo más importante, el cinturón cohete estaba listo para ser utilizado.
Hacia ya unas horas que había anochecido. Era la noche perfecta sin luna, sin estrellas. Se dirigió al patio trasero de su casa y permaneció unos instantes en silencio cerciorándose que no había nadie en los alrededores. Todo estaba despejado. Vestida con mono negro y pasamontañas se ajustó el casco con visor nocturno, se colocó el cinturón cohete, tensionó los anclajes de seguridad y se puso a los mandos de la nave. Pilotarla era sencillo solo debía manejar los controles de elevación.
Tras unos minutos el GPS avisó que había llegado a su destino. Comenzó a ascender lentamente hacia la azotea en medio de aquella noche de verano, húmeda y calurosa. En el sexto piso pudo distinguir a una pareja discutiendo acaloradamente, entre insultos y maldiciones él se dedicaba a esquivar los objetos que ella le iba lanzando. No podía demorarse, no podía permitirse una distracción, todo estaba cronometrado al milímetro. Pensó que debía encontrarse en uno de los edificios adyacente a las oficinas de Flugroute, así que continuó ascendiendo. Un par de pisos más arriba creyó ver un retazo de piel. Piel suave y desnuda, el cuerpo de un Adonis griego tumbado sobre la cama. Aún teniendo la certeza de que el no podía verla se puso nerviosa, no era una mirona, pero no podía reprimir la tentación de seguir observado aquel torso bien moldeado. Volvió la vista hacia los pisos bajos, la pareja parecía haber dejado de discutir, y comprobó en que piso se encontraba.
-       Debería haber encontrado las oficinas ya.- Dijo para sí.
-       Mierda, he introducido las coordenadas al revés.- Vociferó mientras comprobaba su GPS.- Estoy en la otra punta de la ciudad.
Miró a su alrededor inquieta, su voz en medio de aquel silencio nocturno podía haber alertado a alguien. Por suerte no había nadie en la calle a esas horas intempestivas. Los nervios le dificultaban pilotaje, perdió el control y comenzó un rápido descenso que se vio interrumpido cuando consiguió volver a tomar el mando. Apenas distaban unos metros del suelo y algo, en los pisos bajos captó su atención. Un tipo daba vueltas por la habitación, se sentaba en la cama, se levantaba, daba otro par de vueltas y volvía a sentarse. Por fin se puso en pie, arrastró una silla, la colocó bajo la luz y desapareció. Unos segundos más tarde volvió a aparecer con una cuerda en la mano, la pasó por la lámpara y la anudó en su cuello. A ella se le heló la sangre, el tipo no podía verla, de eso estaba segura, llevaba ropas especiales, pero aún así tenía sus ojos fijos en ella. Los movimientos de Felicitas comenzaron a responder al  pánico. El tipo se disponía a saltar de la silla cuando un grito de terror quebró aquel silencio doméstico resonando durante unos instantes después de extinguirse. Estaba a punto de presenciar un suicidio. Tras una brevísima pausa el grito de terror se repitió, solo entonces el hombre fue capaz de reaccionar. Se quitó la cuerda que anudaba su cuello y se dirigió a la ventana. Felicitas pensó que no había nada peor que presenciar una muerte pero cuando contempló el rostro del hombre supo que estaba equivocada. No había nada peor que el rostro de la desesperación.
PALABRAS: Alicante, pilotar, grito de terror, Felicitas Martín.
 

jueves, 1 de julio de 2010

PaRiS siN LuZ


Un domingo más, Mercedes encaminó sus pasos calle abajo hasta un pequeño locutorio al que acudía para llamar por teléfono a su casa. Llevaba cerca de 6 meses en Paris y nuca había traspasado las fronteras del barrio de Montparnasse.
Esas escasas horas de asueto laboral, habían terminado convirtiéndose en una fría losa, una losa de angustia y tristeza que se incrementaba con el paso del tiempo.
Aquella tarde era especialmente espesa. Un incesante conato de lluvia, invitaba a Mercedes al más desgarrado de los desencantos.
Como si de una autómata se tratara, salio de la que casa en la que trabajaba como asistenta, y después de dos trasbordos en metro llegó hasta la plaza de san Michel, en el corazón del barrio latino. Andaba esquivando la inoportuna lluvia, las escasas manzanas que le separaban del locutorio al que acudía todos los domingos. Siempre le resultaba agradable charlar con algún conocido en su lengua materna, caer sin remisión en la melancolía y regocijarse en propias y ajenas desdichas. De ceremoniosa forma, esperó hasta las 7 para llamar por teléfono a su familia. A duras penas logró contener la emoción al escuchar a su pequeño al otro lado del teléfono. Pero no, Mercedes no se podía permitir envolverse en una dura capa de nostalgia. Cabizbaja y ausente abonó su llamada y con la mirada perdida se dejó llevar por la estrechas calles del barrio repletas de turistas. Un estruendoso relámpago resucitó a Mercedes de su abandono. Miró a su alrededor, los viajeros corrían en busca de refugio ante la inoportuna tormenta.
Mercedes, desorientada buscó cobijo bajo el deslucido toldo de una librería de viejo. Un anciano descansaba sentado sobre un vetusto sillón orejero color botella a la entrada del comercio.
- Bonne tard.
- Buenas tard.. Bonne tard, contestó Mercedes poco habituada a hablar en la lengua de Moliere.
- Pase y siéntese, dijo el anciano con un curioso acento francés.
Mercedes entró con timidez, esquivando las polvorientas pilas de libros que se amontonaban a su paso.
- ¿Habla usted español? Preguntó Mercedes mientras tomaba asiento en un rancio butacón de terciopelo rojo.
- Bueno más que hablarlo lo leo, afirmo el anciano sonriendo.
Me enseño el idioma un viejo amigo argentino al que conocí ya hace muchos años.
- ¿Argentino? Como yo, replicó Mercedes al tiempo que una repentina e inoportuna emoción le provocaba un nudo en la garganta.
- Y dígame señorita: ¿lleva mucho aquí? ¿le gusta Paris?
- Apenas llevo 6 meses, trabajo de asistenta en Montparnasse, apenas conozco la ciudad.
- Si tuviera 20 años menos, yo mismo me encargaría de enseñársela, afirmo el anciano. Paris es una ciudad preciosa señorita, una ciudad mágica, la ciudad de la luz.
- Eso esta bien, pero en el trastero en el que duermo, apenas llega la luz. Solo salgo de allí los domingos para hablar con mi familia, con mis hijos, dijo Mercedes al tiempo que rompía en un silencioso llanto.
Disculpe señor...
- Francois, Francois Dunlop, contesto el viejo mientras sacaba un impoluto pañuelo blanco de su chaqueta.
- Gracias señor, dijo Mercedes secándose las lagrimas, La luz me hace daño, prefiero vivir en la oscuridad.
- ¿Vivir a oscuras en la ciudad de la luz? Que despropósito Mercedes, afirmó el anciano al tiempo que se despojaba de unas rancias y opacas gafas de sol que cubrían su rostro, dejando en evidencia su ceguera.
Nadie debería vivir en la oscuridad.
- Perdóneme, dijo Mercedes. No sabía que usted era….
- ¿ciego? Replico Francois.
No hay peor ciego que el que no quiere ver, hay tanto por mirar y por admirar… y aunque ahora no pueda ver, lo que si tengo es muy buena memoria, afirmo el anciano regalando a Mercedes una amplia sonrisa desdentada.
- Me ha encantado conocerle señor Dunlop, dijo Mercedes mientras se levantaba del viejo butacón. Tendré en cuenta sus palabras.
El anciano se incorporó para despedirse de Mercedes.
- Como me dijo mi amigo Julio: La esperanza le pertenece a la vida, es la misma vida defendiéndose,
- Muchas gracias por todo, contesto ella estrechando la mano del anciano.
- Mercedes, permítame que le haga un regalo.
Francois cogió un viejo libro que reposaba en un estante cercano.
Aquí tiene.
Mercedes tomó el libro agradecida y leyó el titulo sobreimpresionado en la tapa: “carta a una señorita en Paris”
- Es un regalo de mi amigo Julio, argentino como usted. Me gustaría que lo conservará.
Mercedes se despidió del anciano y salió de la vieja tienda camino del metro, al llegar a la esquina abrió el libro en el que se podía leer una vieja dedicatoria escrita a pluma:
“Para mi gran amigo Francois, nunca pierdas esa luz”
Julio Cortazar 1963.

Donebastian

En el año de nuestro señor 288, un soldado romano, halló la muerte. Había llegado a ser jefe de la primera corte de la guardia imperial pretoriana, pero su condición de cristiano, le llevó ante el emperador Maximiano. Este, mandó que cayeran sobre él innumerables flechas. El soldado sobrevivió y regresó ante el emperador para maravillar al pueblo y desacreditar el poder del Cesar. Aquel soldado murió definitivamente a base de latigazos, y pasó a ser conocido, como San Sebastián mártir.


En los siglos sucesivos se construyó un monasterio en la región de Izurum, sus monjes, aterrorizados por la peste, se encomendaron al santo San Sebastián, quien había sobrevivido a una lluvia de flechas, para que les protegiera. El monasterio fue bautizado con su nombre, y años más tarde, lo sería también la ciudad.



-Mi señor abad, han llegado nuevas de la cuidad de Kaffa. Los tártaros sufrieron un brote de peste durante el asedio, y las bajas las lanzaron en catapultas dentro de la ciudad. ¡Los genoveses acabaron rindiéndose señor abad, la peste les afectó también a ellos, se contagiaron con los cadáveres!

-Fray Luar, ¿qué pretendéis decirme con tan enmarañadas explicaciones? ¿Qué habéis vuelto a hablar con vuestros amigos Franciscanos? ¿Qué han vuelto a enturbiar vuestra mente con sus sacrilegios científicos?

-En absoluto mi señor abad, lo que digo, (dijo con gesto de reverencia), es que parece haber una relación directa entre los cadáveres y el contagio de los genoveses.

-Los genoveses podrían haber estado ya contagiados antes de recibir los cadáveres de sus enemigos.

-Pero Reverendo Padre, hacía años que en Génova no se registraba ningún caso, y los supervivientes juraron que el contagió se produjo después de que les llovieran los cadáveres de esa forma tan aterradora.

-Muy bien Fray Luar, ¿A dónde queréis llegar?

-Mi señor abad, de sobra echamos de ver las cualidades purificadoras del fuego.

El abad enderezó la columna, se hizo más alto y esbelto de repente, giro lentamente la cabeza hacia Luar y le miró de forma intensa con semblante severo. Luar continuó:

-El fuego lo usamos para combatir el mal. ¿Y no es pues la peste un castigo de Dios al hombre, por haberle dado la espalda? Es entonces nuestro deber combatir ese mal como lo es combatir al maligno. El fuego es nuestra arma, si lo usamos para quemar cadáveres y ropas, podremos detener la peste para que no acabe con nuestro San Sebastián.

-Fray Luar, vuestras palabras están llenas de demencia y blasfemia. Venís siempre a mí con ideas ridículas. Si vuestro padre no fuera amigo del obispo, hace tiempo que os habría…

Sus miradas se cruzaron en el pasillo. La de Luar era ingenua y sumisa, la del abad era directa y amenazadora.

-Dirigíos a los rezos y luego a vuestros aposentos para reflexionar sobre la gravedad de vuestras palabras.

-Si Reverendo Padre.

Un mes después se produjo un incendio que consumió todo San Sebastián, pero que detuvo la peste y en el que murió el monje Luar. En los siglos sucesivos otros cinco incendios quemaron por completo la ciudad. Los brotes de peste finalmente remitieron, y la ciudad fue reconstruida en piedra, y no en madera.