miércoles, 9 de junio de 2010

Como ser feliz sin dejar de ser Mona (Novela ONline)

A pesar del cansancio que acumulaba a sus espaldas después de 8 largas horas de viaje en ferrocarril, a Mona le resultaba imposible permanecer quieta en aquel viejo taxi que circulaba por la Gran Vía. Nunca había viajado en tren, y aunque había visitado Madrid en varias ocasiones, siempre había sido de compras por la zona de serranos.
Hoy, a sus 20 años recién cumplidos, comenzaba una nueva vida para ella. Una vida de trenes en lugar de aviones, una vida sin tiendas exclusivas ni ropa de marca, una vida sin tarjeta Visa Oro, una vida sin papa, una vida sola.
En cuestión de meses, su cómoda y envidiada existencia había terminado desmoronándose con la fragilidad de una baraja de cartas.
La huida de mama a Río de Janeiro con Bruno, su profesor de pilates brasileño, solo fue el comienzo de una larga cadena de desdichas que culminó con la detención de papa y su posterior encarcelamiento, así como el embargo de la casa de Puerto Banús y del piso en la Castellana. Apenas pudo salvar un par de maletas de Louis Vuitton.
Toda una vida de entrega y dedicación como constructor a la ciudad de marbella, recogidas en un par de maletas de marca.

- Perdone señorita, preguntó el taxista con un delatador acento hispano.
- ¿Me dijo el número 32 de la gran vía?
- Si, contestó Mona despertando de su efímero letargo mientras comprobaba la dirección que llevaba apuntada en su exclusiva agenda de Tous.

Ya en la puerta del octogenario edificio, Mona comprobó satisfecha que esta disponía de servicio de conserjería.
Con la innata elegancia que la caracteriza, se dirigió al portero del edificio arrastrando como podía las dos trolley que la acompañaban.

- Disculpe
- Dígame usté, contestó el conserje con un pie en la jubilación y un delatador acento manchego.
- Verá, busco el piso de la señora Bretones, Isabel Bretones.
- ¿Bretones? Contestó el conserje pensativo con los brazos en jarra.
- Pues no se que decirle….
- Coño claro, Doña Lita
- Perdón, apuntó Mona
- Doña Isabelita. 3ºD, déjeme que la acompañe.
- Creo que ha habido un error, dijo Mona al salir del ascensor con el portero y comprobar sorprendida que justo arriba de la puerta de acceso a la vivienda se podía leer. “Pensión La Malaguita”

Tras unos segundos de espera que a Mona se le hicieron eternos, un joven de aniñado aspecto le abrió la puerta, y sin darle tiempo a saludar le dijo:

- Ay carajo, tu debes de ser Ramona….
- Mona, Moni para los amigos, se apresuró a contestar nuestra protagonista.
- Ay mi amol eres bien bella y tienes un cutis divino, le dijo al tiempo que le acariciaba la cara ante el estupor de la joven.
- Pero pase, pase. Me llamo Cristal, dame dos besos pues…. Enseguidita aviso a doña Lita, su señora tía.

Mona, desconcertada entró a un coqueto recibidor y se sentó en un sillón apabullada por la inquietante hiperactividad de Cristal.

- ¿Quiere un zumito? Lo hice yo misma hace un momentito, esta divino lleva su poquito de mango, su poquito de papaya, su juguito de naranja…
- Cristal deja de marear a mi sobrina y vete a preparar los desayunos.

Era su tía Isabel, andaba despacio, apoyada en una muleta que a pesar de todo aun resaltaba más el porte de bailarina del que había vivido gran parte de su vida.
Mona no conocía a su tía. Antes, mucho antes de que ella naciera su padre  y ella habían discutido y no habían vuelto a tener contacto. Lita se fue a Madrid con 20 años recién cumplidos para dedicarse al mundo del espectáculo. La joven siempre había fantaseado con la idea de tener como única tía a una estrella retirada que vivía en la Moraleja rodeada de caniches y de servicio filipino, pero una vez más la realidad había vuelto a gastarle una mala pasada.

- Acompáñame te enseñaré tu habitación, dijo la tía con aspereza.

Mona se acercó para besar a su tía pero esta giró la cabeza y siguió andando por un largo pasillo con varias habitaciones. Al llegar al final del mismo, Lita abrió la puerta de un dormitorio con un golpe seco tan seco como ella.

- Este será tu dormitorio, lo compartirás con Cristal.
- Pero tía Isabel, yo…
- Lita, llámame Lita o Sra. Lita, aquí todo el mundo me llama así.
- tía Lita, gracias por todo pero…
- No me des las gracias (interrumpió su tía)
- Te ganarás tu estancia trabajando, no me puedo permitir el lujo de tenerte de invitada.
- Ay tita, insistió la joven.
- Me gustaría que hablásemos.
- Tenemos mucho tiempo para hablar, ahora esperan los desayunos. Aquí tienes un delantal…
- Pero tita….
- No me vuelvas a llamar tita, esto no es Marbella. Contestó doña Lita con la aspereza que le caracterizaba al tiempo que salía de la habitación dejando a Mona sola con sus dos maletas de Louis Vuitton cargadas de recuerdos y un viejo delantal.
(Dr.Magenta)
CONTINUARA.......

4 comentarios:

Mo dijo...

Esta novela va a ser un éxito...gracias por regalarnos el inicio.

Dr.Magenta dijo...

jajajja, si de hecho me han llamado ya varias productoras para compranos los derchos cinematograficos...

TERTULIADISPERSA dijo...

Y ahora después de un inicio tan prometedor...a verrrrrrrrr quien es el primero en continuar la historia.

REM.G dijo...

Magenta se lo curró; estoy encantado con lo que he leído.