sábado, 29 de mayo de 2010

Una familia diferente



Baja edad media. Corrían historias de brujas, magos, hadas, gnomos y demás criaturas fantásticas, que habían sido declaradas por el rey como malignas, y debían ser combatidas con el fuego y las armas. La familia Aron vivía un tanto aislada, y los padres siempre les decían a sus tres hijas, que debían permanecer así, pues su trabajo lo requería.

Una noche los padres se dirigieron a sus hijas: Katia de doce años, Lisa de diez y la pequeña Elsa de cinco. Les dijeron que debían marcharse y dejarlas solas por unos días. Les dejaron comida y les dieron instrucciones de dirigirse hacia el obelisco si las provisiones acababan. Katia había estado allí cuando era más pequeña, recordaba el camino, pero no sabía por qué aquel peñasco aislado sería refugio alguno para ellas. Las niñas asintieron y los padres marcharon.

Al poco tiempo la comida se acabó, y las niñas obedeciendo a sus padres, partieron en busca del obelisco guiadas por la primogénita. Avanzaron y avanzaron dejando atrás el valle, dejando atrás el bosque, dejando atrás su hogar. Continuaron por unas tierras poco verdes, bajo un sol cada vez más caliente. Sin darse cuenta la vegetación las había abandonado, solas estaban, en mitad de la nada con una tierra bajo sus pies cada vez más agrietada. Por fin lo encontraron. Allí estaba, lejos, muy lejos, pero al alcance de sus piernas. Angustiadas por el cansancio y el calor, por fin llegaron hasta el obelisco, y al verlo comprendieron por que sus padres dijeron que allí estarían a salvo. De lo alto de la piedra brotaba agua, oasis de salvación, que puso contentas de seguida a las pequeñas. Pronto intentaron treparlo, beber de él. Pero no era posible, ninguna llegaba tan alto. La desesperación se hacía presa de Katia y Lisa, las dos mayores, las más conscientes. Pronto idearon un plan, subir la pequeña sobre la mediana y esta sobre la mayor. Y así pues Katia pondría a prueba cuan mujer era, si era capaz de cargar con sus hermanas, de salvarlas. La pequeña Elsa alcanzó el borde superior, y cuando se disponía a meter en él el porrón para llenarlo… el obelisco, que parecía haber estado allí desde el principio de los tiempos cayó. Cayó en mil pedazos como si fuera de cristal, y toda el agua se desparramó por el suelo sediento, que dio cuenta de él por segundos. Lisa llorando, Katia histérica chillando a la pequeña Elsa, desesperada por haber perdido lo que parecía su única oportunidad. Sin embargo, la pequeña sonreía, cada pequeña porción de su diminuto cuerpo era manantial de alegría. Había encontrado algo, una esfera del tamaño de una perla, con una luz en su interior que parecía que bailaba solo para distraer a la pequeña. Sus hermanas la vieron, Lisa dejó de llorar en seco al tiempo que Katia callaba de golpe, Elsa alargó su diminuto brazo… y tocó la esfera. Destello cegador y después…

Estaban en otro lugar que solo Katia recordaba, fugazmente. Su madre apareció ante ellas diciendo: ¡mis niñas! Oh parece que por fin han dominado el poder de la esfera, ¡su primer poder! Ella os ha traído hasta mamá y papá. La pequeña Elsa corrió a abrazar a su madre contenta, feliz. Lisa con la cara aun impregnada de lágrimas le dijo a su hermana mayor:
-Katia, que mamá y papá son brujos!
-Tranquila Lisa, si nos cogen diremos que somos adoptadas.

3 comentarios:

mar_botella dijo...

Me sigue maravillando tu capacidad de saltar de un tema a otro con gran agilidad...recuerdos a Katia y Lisa.

TERTULIADISPERSA dijo...

Gracias como siempre Mar, de parte mia de Katia y Lisa jajaja.
Este cuento está dedicado a la segunda gata que tuve, Elsa, quien ya no está entre nosotros :(
Salvador Gil

Mo dijo...

un cuento con una fantasía tremenda , es que es capaz de atrapar a los más sabios...a los niños.