miércoles, 19 de mayo de 2010

Espacio mágico

De niña coleccionaba objetos maravillosos…. minas de lápices, trocitos de cristales de colores que convertian las cosas que me rodeaban en colores increíbles, caracolas, pechinas, piedras con formas preciosas, bolsitas con tierras de diversos colores y con propiedades mágicas, trocitos de azulejos que conservaban un fragmento del antiguo dibujo ya desdibujado; papeles de celofan de distintos colores que guardaba alisandolos cuidadosamente para colocarlos uno encima de otro ,disfrutaba viendo la transformación mágica de las tonalidades al ponerlos unos sobre otros .
…todo para mi, esa niña que era, tenía un gran valor , seguramente mis padres pensaron que había que poner orden en “los tesoros “de su hija, eramos seis hermanos y además compartía dormitorio con mi hermana mayor , sentía gran admiración por ella, tan ordenada, tan lista, tan sensata, en fin quería hacerme mayor como ella, me gustaba dormir en la misma habitación , con ella. Mientras ella hablaba yo daba volteretas agarrada a los barrotes de las dos camas de color verde y con pomos niquelados, las paredes eran de un amarillo canario que ahora no podría soportar.
tendría 7 años cuando mis padres decidieron poner un poco de orden en el caos de mis objetos maravillosos, no había una forma fácil y del agrado de todos, me figuro a los dos hablando y pensando como hacerlo para que me sintiese bien , también ellos conocían el valor de los objetos sin precio.....
Y me hicieron un gran regalo, el más precioso de toda mi vida ,algo que no advertí hasta pasados muchos años, en la niñez hay cosas importantes que parece pasan desapercibidas, pasados muchos años, me dí cuenta de lo que mis padres habían hecho para que me sintiese feliz, (no me daba cuenta..era muy feliz, una niña); ellos ya sabían que nuestras vidas como la de todos los adultos, no iban a ser muy fáciles y ese regalo tan sencillo y repleto de amor, tenían un gran significado y la niña de entonces era totalmente ajena a lo que allí estaba aconteciendo.
Me regalaron... un espacio mágico...un armario , solo para mi... el lugar donde podría guardar todos mis tesoros.
En los años setenta recibí otro gran regalo , entonces ya me iba dando cuenta de lo que significaban esas pequeñas cosas de las que se desprenden tus padres y te pasan el testigo…ellas guardan y retienen la historia.
Había oído desde niña su nombre, tenía nombre propio.
Era pequeña y tenía más de trescientos años, había recorrido a lo largo de ese tiempo muchas casas, muchas vidas ,había mirado mucho por esos pequeños ojos azules que aún podían apreciarse y sus pequeños labios parecía que entonaban una canción.
Cumpliendo años, sobreviviendo a todos los cambios e incontables mudanzas ,de familia en familia, de siglo en siglo… todos habiamos llegado a quererle y deseábamos mantenerla junto a nosotros
Nadie recordaba cuándo había perdido su brazo derecho, gracias a ello siempre había tenido tenido su nombre propio, le llamábamos Manquita.
A finales del siglo XX llegó a mi propia familia, viviamos en la casa donde habían vivido mis abuelos y una casa donde conviven tres niños no es un sitio muy seguro para Manquita, colocada en una estantería , podiamos verla y ella también a nosotros. ¡cuidado con el balón! ¡cuidado con Manquita!
Ahora miraba la figura… había sobrevivido a los juegos de mis hijos y la coloqué en un sitio más cercano, el peligro había pasado.
Manquita vivía conmigo la friolera de cuarenta años, había pasado el tiempo con una rapidez asombrosa …se había salvado de nuevo. En casa se respiraba tranquilidad, los hijos ya eran adultos.
Un domingo, mientras estabamos en la sobremesa, algo inésperado sucedió.
Fue un instante… desde el lugar desde nos observaba ….a cámara lenta… ella caía dando vueltas por el aire del comedor, me levanté, con una rapidez increible, antes de   desplomase por el suelo…intenté pararla…. pero mis manos no llegaron a tiempo.
Yacía en el suelo , la tomé entre mis manos, hubo un gran silencio.....
Mi Manquita, mi Manquita…su cuerpo estaba partido en dos…
Observé sorprendida las huellas de una cola amarillenta que ya había unido su cuerpo en otro tiempo, seguramente fué allí donde había perdido su brazo y había recibido su nombre, eso me tranquilizó, volvería a restaurarla y de nuevo continuaría siendo testigo de nuestras vidas.

Manquita continuaba conservando su sonrisa y susurrándonos la misma canción

4 comentarios:

Dr.Magenta dijo...

ESpero que Manquita se recupere pronto, entre tanto no dejes de escribir y de compartir con nosotros tus espacios mágicos. En momentos como estos en los que lo superficial y chabacano se impone a golpe de audiencia, es más que necesaria la magia, tu magia....

TERTULIADISPERSA dijo...

Vaya Mo se nota ese toque fantástico de metáfora que tienes en algunos de tus relatos, vas marcando un estilo propio!!
Salvador Gil

Mo dijo...

gracias,graciassssss,un empujoncito por aquí y otro por allá, nos dan energía para continuar "vivos".
La Amistad es un gran invento.

Dr.Magenta dijo...

Todos tenemos una manquita que nos acompaña a lo largo de nuestra vida. No necesariamente tiene que ser una muñeca, puede ser un libro, un cuadro, un papel.... un objeto que nos acmpañe en el viaje y al que siempre nos podamos agarrar con fuerza en los malos momentos.