miércoles, 22 de diciembre de 2010

Navidad vampírica


Me he excedido con la hibernación, tenía que haber despertado en verano, y ahora hace mucho frío, demasiado.

Es Navidad. Mis colmillos están retraídos, si intentara sacarlos para clavárselos a alguien, correría el riesgo de que se rompieran. Que dolor… Aparento ser una mujer de 45 años, mi ropa de los años 90 me hace pasar desapercibida. La palidez de mi rostro no desentona en el frío invierno que estamos viviendo. De modo, que me estoy moviendo entre la gente. He visitado un centro comercial y robado algunas prendas, unas botas con tacón fino, una gabardina negra y larga muy larga, una bufanda gruesa también negra y un lápiz de labios rojo. Y por supuesto, un gorro de Papá Noel; me encanta el rojo…

Camino entre la gente, perdón, entre el bullicio, y doy gracias al dios que me creó, sea quien sea, por hacer que haga tanto frío en este momento. Los olores, y en particular el olor a sangre que los vampiros siempre percibimos de un humano vivo y caliente, apenas los siento en este momento. En ocasiones sale vaho de la cabeza de alguien, de su boca, y sientes ese aroma metálico y cálido que inunda tus papilas olfativas… sientes tu cuerpo estremecer por el Hambre, pero enseguida vuelve el frío insípido y apaciguador de los sentidos, y te vuelves a concentrar: debo ingerir sangre pronto, y sin usar los colmillos. No debería rajarle el cuello a nadie, hay mucha gente. Y además… Quizás me manche. Al pensar en estas cosas, paso por delante de un escaparate, donde está representado el nacimiento del niño Jesús. Esto es muy desconcertante para mí, puesto que si el niño Jesús estuviera vivo, sería más joven que yo. Lo miro fijamente durante un rato, y pienso que si Dios existe y es un portador de Paz y amor para la humanidad, debe resultar pues un insulto, mi propia existencia, y de un mal gusto aterrador, que haya despertado de mi letargo justo en estas fechas. Continúo detenida, con una sensación de culpa y horror que me va devorando la cara. Nunca he sabido lo que soy, ni a quién pertenezco. Si soy un sirviente del Maligno o simplemente un capricho de la evolución. Lo cierto es que mato, lo necesito para sobrevivir. La sangre que guardan para transfusiones o la de animales, puede mantenerme algún tiempo, pero al final todos mueren. Quizá sea ese mi destino, suicidarme para dejar de matar, o beber sangre de animales hasta que mi cuerpo pida el final. Lo cierto es que no sé lo que soy, ni lo que debo hacer, así que, siguiendo las leyes de la evolución, decidí hace más de mil años, que fuera la naturaleza la que decidiera y no yo. Lucharía por mi vida y mataría, porque lo necesito. Lo que sucede simplemente, es que una vampira de mi edad, debe cuestionarse las mismas cosas, y repetirse las mismas preguntas, una vez cada siglo, más o menos. Tal vez sea una postura en realidad cobarde, y deleznable desde un punto de vista moral, pero ¿sería justo que los vampiros nos extinguiéramos, simplemente para que algunos humanos dejaran de morir? Con una sonrisa en la boca, debo decir que no. No mataré a nadie hoy, ni tampoco durante la Navidad, tomo esta decisión y decido mantenerla mientras viva. Tampoco me cuesta tanto, puedo permitírmelo, así que tomada esta decisión el siguiente paso es ir a los centros de transfusiones y darme un banquete, hoy es noche buena, a partir de mañana me alimentaré de la sangre de gatos como hacía en los días de Torquemada. Pero por lo menos hoy, disfrutaré de la sangre humana aunque sea prefabricada. Le guiño el ojo al niño Jesús que tengo delante, y le digo en voz baja: -pero no te acostumbres. Me santiguo, y me giro.
El tiempo se ha dilatado frente al escaparate, mi cuerpo habrá permanecido totalmente detenido, cual estatua sin vida. Debe haber sido un espectáculo espeluznante. No obstante, veo que algunas personas han arrojado monedas a mis pies, y un niño próximo, me mira embelesado casi con miedo. - No puedo dejar el miedo en su rostro. –Pienso, y le lanzo una sonrisa angelical, mimetizada de los recuerdos más puros y buenos que he recopilado a lo largo de tantos siglos. Me gano otra sonrisa más para el recuerdo. Y me voy a por la cena, mientras silbo… Noche de Paz.

3 comentarios:

Dr.Magenta dijo...

Me gusta mucho pablo, sobretodo por el rollito de humanizar a un vampiro y darle hasta su punto de espiritu navideño...

REM.G dijo...

Si señor. Me está llegando tu forma de escribir.

Pablo dijo...

Gracias Doc esa era mi intencion, deduzco por su crítica que he acertado en el cómo.
Gracias REM en eso estamos en intentar llegar hasta el lector.
Seguiremos afinando que esto es un esfuerzo constante...