jueves, 17 de junio de 2010

Claro

Mi nombre es Yade, soy un varón de la especie de los Draso. Nuestro aspecto es muy similar al vuestro, un tono más azulado en la piel, unos ojos amarillos de color muy vivo que a algunos os podrían parecer temibles… pero no a ella, no a mi pareja, no a Clara. Ella es una mujer humana, muy humana y muy mujer debo añadir. Tengo miedo, hay algo en los Draso que no sé si Clara lo aceptará. Ella siempre supo de la existencia del Cal´Ter, aunque pensaba que yo ya lo había pasado. Que cara me puso cuando se lo dije...
Existe una gran diferencia entre nuestras especies, los humanos pertenecéis siempre a un único sexo, los Draso no. Nosotros tenemos una edad, en la que yo me encuentro, en la que experimentamos una transformación radical, aunque temporal. El Cal´Ter. Es lo que se podría llamar el último paso de nuestra adolescencia. A mi edad, el equivalente a los 25 años humanos, mi cuerpo entra en fase de crisálida y cambia de sexo. El proceso es suave y placentero, ya que cuando no estamos dormidos, que es durante casi todo el proceso, nuestro cuerpo segrega tal cantidad de opiáceos endógenos, que nunca llegamos a sentir dolor. El proceso como he dicho antes, no será permanente, durará un año y después volveré a ser crisálida para ser otra vez varón. Mientras dure este año, viviré como hembra Draso, con un aspecto totalmente femenino. Nuestra capacidad reproductora no es funcional durante ese año, pero por lo demás seré una mujer. He pensado en conservar mi nombre. Algún@s se lo cambian, yo no. Quiero conservar mi identidad y además, quiero que Clara lo tenga claro.
Ahora mismo estoy sonriendo, porque me acuerdo de cuando mis primos pasaron el Cal´Ter, es decir, mi prima y su novio. Lo pasaron al mismo tiempo, así que durante un año ella fue él y él fue ella… Qué bien se lo pasaron… Este es un momento de júbilo y festejo en mi pueblo. Cuando un Draso vive su Cal´Ter, recibe subvenciones por parte del gobierno, excedencias laborales, permisos. Se nos alienta desde pequeños a pasar estos días con alegría, experimentando durante un año lo que es ser diferente. A vivirlo como un regalo de la naturaleza, que solo se recibe una vez en la vida. Y por qué no decirlo, a vivirlo con lujuria.
Al conocer a vuestra raza, los Draso observamos mucha hostilidad entre vuestros sexos. Algo que llamáis sexismo, y que en la historia de los Draso existe solo como un vestigio que nunca ha tenido gran relevancia. De vosotros aprendimos la importancia que el Cal´Ter ha tenido en nuestra historia. Supongo que nos ha dado la oportunidad a tod@s, de saber cómo se ve la vida desde el otro lado, y nos ha hecho más comprensiv@s, de lo que jamás hubiéramos pensado de no haberos conocido. La separación de vuestros sexos os ha traído diferencias educativas, dificultades de comunicación, de respeto, etc. No es que nosotros no las hayamos tenido, es simplemente, que no han marcado tanto nuestra evolución como pueblo. Siempre hemos tenido líderes femeninos al igual que masculinos. Siempre hemos ensalzado la belleza masculina tanto como la femenina, y la inteligencia femenina tanto como la masculina. No sé, nuestra transición, ha sido más suave. Creo que el conocernos, nuestra especie y la vuestra, ha sido muy beneficioso para los humanos. Las tensiones entre vuestros sexos, dicen vuestros sociólogos y psicólogos, se han suavizado estas últimas décadas, más que en todo el siglo anterior.

Acabo de salir de mi crisálida. Mis ojos vuelven a ver, camino por la habitación desnuda, me dirijo a un espejo de cuerpo entero que coloqué para la ocasión, y me miro. A un varón, sin importar la especie, siempre le agrada ver algo semejante. Me habían hablado much@s de este momento, pero vivirlo… como lamento que los humanos no podáis experimentarlo. Oigo pasos, son tacones. Me giro y allí está ella, parada a dos metros de mí mirándome de arriba abajo. Mi altura ha disminuido unos 12 cm, ahora soy tan alta como ella. Mis pómulos y mi barbilla, han encogido. Mi rostro y todo mi cuerpo son los de una joven de 25 años. Mis pechos son incluso más grandes que los de Clara, mi cintura y mis caderas son similares. La miro con miedo… ella sigue repasándome sin saber que hacer son sus manos, sin saber que decir. Abre la boca pero no le salen las palabras. Finalmente, tras ofrecerme la misma sonrisa que cuando nos enamoramos, dice entre risas:
-¡Vaya tetas!... Claro.

PuzzLE

Arrodillado en el suelo, Mario disponia con esmero las distintas piezas sin poder evitar sentir cierta nostalgia cada vez que se enfrentaba de nuevo al reto de montar un puzzle.
Apenas era un niño cuando su madre le inculcó la afición por esta disciplina. Mario nunca fue un niño travieso, apenas tenia amigos, y gustaba de pasar sus horas de ocio en casa, leyendo libros de aventuras, viendo la tele…
Tenía tan solo 7 años cuando su madre le regaló su primer rompecabezas. No era la primera vez que tenia uno entre sus manos. Su madre pasaba horas y horas en la penumbra de aquella sala dedicada a tan paciente afición. A Mario siempre le había fascinado como a partir del caos repartido en todas aquellas pequeñas piezas, podían crearse bonitos paisajes, reproducciones de clásicos del arte o emblemáticos edificios.
Una ligera sonrisa ilumino su pálido rostro al tiempo que un esbozo de emoción se dibujaba en el azul de sus ojos al recordar tantas y tantas tardea a la sombra de su madre en aquel mismo salón. Cientos, miles de pequeñas piezas habían pasado por sus manos, colmando su vida de sosiego y serenidad.


Esta tarde, allí arrodillado en el suelo, Mario se enfrentaba a su mayor y posiblemente último reto. Atrás quedaban horas, días, años de silencio, de soledad. Había llegado el momento de compartir, compartir su vida y encontrar a una mujer con la que ser feliz. Con esa misma serenidad que su madre le había infundido, Mario fue organizando las distintas piezas de aquel complicado puzzle, ajeno al timbre de la puerta que no dejaba de sonar con insistencia.


- Adelante, ordeno el inspector Suárez al tiempo que se retiraba de la puerta. Un golpe seco en forma de patada bastó para que esta se abriera.
En cuestión de segundos una docena de policías había tomado el vetusto caserón. Caminaban en penumbra, la misma penumbra que invadía aquella decrépita casa. Un intenso olor a muerte inundaba la vivienda conforme se iban acercando al espacioso salón principal. Un hedor, tan intenso que conseguía anular el provocado por la basura que se amontonaba por los distintos rincones, corrompía todos y cada uno de las distintas estancias de aquel caserón.
Cientos de moscas pululaban excitadas antes la impasividad de los agentes que a duras penas podían contener sus nauseas.

- Mario Pastor, grito el inspector parapetado tras una columna.
- Levántese del suelo con los brazos en alto, esta rodeado….

Mario se levantó lentamente.
- Todavía no he terminado mi puzzle, dijo con un tono de voz apenas audible.

Un potente halo de luz iluminaba a Mario. El hombre ausente y perseverante tenía la cara manchada de sangre, la misma que salpicaba con descaro todo su cuerpo. Lentamente los agentes se fueron acercando, esquivando con horror las distintas piezas de aquel macabro rompecabezas que les rodeaban en una turbia penumbra tan solo quebrantada por una docena de halos de luz y el inquietante zumbido de cientos de moscas que revoloteaban inquietas entre brazos, piernas, cabezas, restos de distintas mujeres con un fatal destino.
A pesar de llevar casi 20 años en la policía, el inspector Suárez no pudo evitar sentir un terrorífico estremecimiento cuando los brillantes ojos azules de Mario se posaban sobre los suyos mientras esposaba sus manos heladas. A los pies de Mario, el cuerpo desnudo y desmembrado de una mujer creado a partir de distintos cuerpos mutilados, cubría la señorial alfombra de aquel salón.

- No he terminado mi puzzle, dijo Mario al tiempo que abría uno de sus puños mostrando un par de ojos verdes cubiertos de sangre….

martes, 15 de junio de 2010

Como ser feliz sin dejar de ser Mona 3



Mona recorrió el pasillo apresuradamente, entró en el dormitorio que le había asignado tía Lita, ese que compartiría con Cristal..
Las paredes estaban recubiertas de un papel estampado,repleto de flores ya descoloridas por los años, a la derecha dos camas pequeñas  y frente a ellas un armario de dos puertas, estaba lacado en blanco aunque su color era ya amarillento, los dorados de las molduras habían perdido todo su  antiguo esplendor..
Un pequeño tocador repleto de pinturas, collares, pendientes.. con un espejo del que colgaban varias pelucas.
Las camas estaban separadas por una cortina ya raída y mugrienta... ahora  ni siquiera le interesaba  saber que se escondía detrás de ella...estaba perdida, asustada.
   Antes de abrir sus maletas y después el soponcio que llevaba encima, se tumbó en una de las camas y comenzó a llorar.

palabras

lunes, 14 de junio de 2010

Como ser feliz sin dejar de ser Mona 2

- Apúrese mi niña, grito Cristal al ver a Mona traspasar el umbral de la puerta de la cocina.
- ¿Qué pasó? Le dijo acercándose a la joven al reparar en que esta tenía los ojos llenos de lágrimas.
Cristal se apresuró a sacar de su apretado escote un pañuelo con el que limpio las lágrimas de la muchacha.
- ¿Por qué llora mi hija?
Mona, sin apenas poder articular palabra, rompió en un sonoro llanto al tiempo que se intentaba hacer entender.
- No se, no se como ponerme esto, dijo Mona entregando a Cristal el viejo delantal.
- Ay mi amor. ¿Tu no trabajaste mucho no es cierto? Tienes tanto por aprender, le dijo Cristal mientras le colocaba el mandil a la joven.
- Pero no te preocupes que para eso esta aquí Cristal.
- Ahora, le dijo mientras le secaba las lágrimas…
- Ahora vas a empujar este carrito y se va a venir conmigo a servir los desayunos, OK?


En el salón, un viejo aparador ejercía de escaparate a las sencillas viandas que habitualmente se servían en el desayuno.
Café, leche, galletas, magdalenas y un par de bollos que habían sobrado el domingo anterior compartían reducido espacio en aquel improvisado altar domestico. Ni siquiera la altura de los techos de aquella sala, conseguía refinar aquel espacio en el que reposaban, como si de un museo se tratase, una variada selección de mobiliario rescatado de los mejores contenedores de la Gran Vía.
A Mona le llamo poderosamente la atención, el hecho de que el salón estuviese vació, salvo por la presencia de su tía Lita, que parapetada tras una revista del corazón hacia guardia sentada en su vieja mecedora vigilando para que nadie repitiese desayuno ni comiera mas galletas de las habituales.
Mona intentaba seguir el ritmo de Cristal, imitando todo lo que esta hacia cuando de forma inesperada noto una palmada en sus nalgas que provocaron que se le cayeran al suelo las tazas que café que apilaba sobre la mesa.
- Hola guapa, ¿quieres un caramelito?
Era don Francisco, pensionista que malvivia en la pensión y que no desaprovecha la menor oportunidad para dar rienda a sus instintos de viejo verde. Sin darle tiempo a reaccionar, Cristal esquivó como pudo un cenicero que desde la otra punta de la sala, en su posición de vigía, había lanzado la tía Lita sobre la cabeza del anciano.
- El caramelito se lo puede usted meter por el culo, grito doña Lita ante la sorpresa de Mona que asustada fue a refugiarse a los brazos de Cristal.
- Como le vuelve a ver tocar a mi sobrina, se van los caramelos y usted a la puta calle…
- No se ponga usté así doña Lita, contestó el anciano con un pronunciado acento andaluz,
- Ya sabe usté que soy un caballero español.
- Niña, recoge la bandeja de don Francisco que ya ha terminado, y tu Mona vete a la habitación y ocúpate de tus maletas.

jueves, 10 de junio de 2010

Otro relato de terror


El verdadero terror no es a aquellas bestias nacidas de la imaginación. El terror, qué digo terror, pánico, se siente cuando no sabes como terminar el mes o como pagar las hipotecas o la incertidumbre de dónde vivirás dentro de un futuro no muy lejano…El horror que se siente al ser sometida o violada sistemáticamente por un hombre que te prometió un trabajo, como he tenido la desgracia de escuchar en un telediario hoy, y el terror supremo es cuando ese hombre (por llamarlo de alguna manera) resulta ser tu padre.
Esos son los monstruos cotidianos, los reales y no por ello son menos terroríficos. A otros les dejamos el placer de inventarse sus propios monstruos lejanos, fantásticos, literarios…Me disculpo por intentar hacer un relato de terror surgido de la imaginación cuando tantos y tantos terrores diarios nos acometen sin que nadie alce una ceja y mucho menos escriba una línea al respecto. Me niego a callar más esas situaciones atroces que nos son tan cercanas y que obviamos todos los días en pos de una aparente felicidad, un bienestar cogido con pinzas que un maldito día nos puede estallar en la cara, dejándonos cara de idiota sin remedio…