jueves, 6 de octubre de 2011
OtOÑo EN La TErtuLia
miércoles, 5 de octubre de 2011
SUS AMIGOS LOS LIBROS
Era tarde, el día había sido muy largo y la última clase había recibido el primer bautismo del otoño, el pequeño Elías lo pensaba mientras cuidadosamente metía los nuevos libros del curso en la mochila ya un poco ajada, los palpaba y aproximándose a ellos hasta percibía aquel aroma de papel satinado y tinta fresca que siempre, aventuraban una grata lectura y un prometedor compañerismo.
El aula ya estaba desierta y cerrándola se encaminó al vestíbulo, su abuela como siempre llegaría tarde; estaba un poco harto de todo, pues desde que sus padres habían decidido divorciarse, su madre apenas le prestaba atención, el trabajo, la nueva situación y las facturas por pagar le habían cambiado el carácter.
La abuela Trini, eterna viuda, presumida y quejosa, tenía una variada e intensa vida social y recogerlo todos los días del colegio, le suponía interrumpir su largo y costoso noviazgo con el bingo del barrio.
Volvió a quedarse solo en el zaguán y el conserje ya se apresuraba a terminar su jornada apagando luces, afuera, la lluvia de octubre caía con fuerza primeriza y las sombras teñidas de gris se adueñaban de las vacías calles.
Elías tímidamente asomado echó un vistazo y una sensación de soledad le arrebató el pensamiento, pues nadie quedaba a excepción de una madre con su hijo, que parados parecían observarle, quizás pensaban que se habían olvidado de recoger a aquel niño, a él si que le hubiera gustado ser el que aquella mujer llevaba de la mano, en un imposible juego malabar de mochila, bolsas y paraguas.
Trini continuaba sin aparecer y la aparente conmiseración o curiosidad de aquella señora empezaba a fastidiarle, así que hizo como que no estaba esperando y tomó la decisión de irse solo abandonando su escaso refugio al agua, se quitó la cazadora e instintivamente protegió aquello mas valioso: la vieja mochila llevando sus preciados libros, no le importaba que el chaparrón resbalara por su cara, sus libros estaban a salvo y su dignidad también, pues la mujer en la acera de enfrente ajena incluso a la intensa cortina de lluvia que acompañada de viento barría la desierta calle, mostraba ya signos de inquieta preocupación e iniciaba maniobras de acercamiento.
Elias puso rumbo a su casa siguiendo el camino que acompañado hacía todos los días, pero antes de llegar a la siguiente esquina, divisó la inconfundible y reconocida silueta paraguas-abuela que apresuradamente se dirigía hacia él.
El encuentro fue como un chispazo, sin tiempo para saludarla, la primera impresión se reflejó como un sordo dolor que se le extendió por la mejilla hasta la oreja izquierda,
---hijo me vas a matar a disgustos, mira cómo vas!, te vas a resfriar!, cómo te has olvidado el paraguas? eres tan desastre como tu madre……..
La señora Trini tras la seca y sonora bofetada seguida de la consabida letanía de imprecaciones , guareció al niño que iba mojado de pies a cabeza bajo su enorme paraguas; la mujer de enfrente y su hijo mudos testigos de su derrota, optaron por fin continuar su marcha.
Elías, ya resguardado de la lluvia, cabizbajo y herido en su orgullo, caminaba con desgana, meditando sobre lo injusto de su vida, sin evitar los charcos , sentía la fría humedad calar en sus pies, la voz de la anciana le llegaba lejana, muy lejana, y él abrazaba con fuerza a sus únicos amigos.
lunes, 3 de octubre de 2011
Septiembre
septiembre ansiado
rosas rosas y tul blanco
ilusión sin fin
periplo amargo
dos frutos deseados
como dos rosas cuidados
esencia de nuestro ser
ha quedado
aura de color y blanco
una senda envolvió
caminar era ilusión
fortaleza desprendió
un tul envolvía
ilusiones y proyectos de un día
amado eras para mi
lo sentia
pasión, verdad y amor
reseñas de un día
de aquel septiembre ansiado
ilusión
decepción, amargura, desamor
aquel tul blanco rompió
mostrando luz por sus rotos
aquello orientó
marcando un destino
incierto por llegar
colmado ahora
de paz y felicidad
inocencia de un septiembre
lluvioso y colorido
dia sereno de lluvia
aclarando para el sol
a las siete de la tarde
el camino se inició
del brazo de un padre
que a la iglesia acompañó
Álea Rosa
Septiembre 2.011
martes, 27 de septiembre de 2011
¡¡¡¡¡¡
importante ...preguntas
ser consciente...
vives
importante...pensamiento
si te dejas arrastrar...
importante..... acción
junto a quien ?
muy importante
eres tu...
la vida
lunes, 26 de septiembre de 2011
Fallece Wangari Maathai..".la mujer árbol"
lunes 26 de septiembre de 2011
Fallece Wangari Maathai..".la mujer árbol"
jueves, 22 de septiembre de 2011
Augusto Monterroso...CuENtOS
Me gustan mucho los viajes en tren incluso si son cortos, aprovecho para hacer en verdadero paréntesis en la vida o al menos soy consiente del tiempo o del no tiempo.
El último recorrido no era largo así que decidí buscar por casa algún libro que no ocupase demasiado en mi bolso pues cuando llegase a mi destino no podía ir excesivamente cargada , siempre llevo demasiadas cosas " por si acaso".
Llegué a la estación, sin saber a que hora partía el tren, saqué el billete con tranquilidad para posteriormente ponerme a correr como siempre (es algo que no puedo evitar, aunque sé que algún día ya no podré hacerlo...la edad no perdona) subí al tren , no había casi nadie... no sabía a que hora salía así que saque el pequeño libro .."Augusto Moterroso....Cuentos".
Debí comprarlo hace unos diez años, (primera edición 1986, última en el libro 2002) sin duda algo me había atraído de él y descansaba en uno de los estantes de la librería situada donde transcurre ahora la mayor parte del tiempo que estoy en casa...antes pasaba mucho tiempo en el taller, era donde podía encontrar la soledad y encontrarme con el barro y conmigo ...ahora la vida ha dado un nuevo giro y la soledad me acompaña en toda la casa.
Como suelo hacer leí la contraportada y como una neófita descubrí a un nuevo escritor...AUGUSTO MONTERROSO.
El verdadero redescubrimiento llegó cuándo terminé de leer el primer cuento...permanecí mirando a través de la ventanilla los arrozales y las cañas con sus hermosísimos plumeros...de nuevo leí el siguiente cuento:"UnO dE CadA tREs"...realmente imaginativo, mágico e interesante; en la ficción de este cuento Monterroso habla de algo que ni él mismo podía imaginar que pudiese existir en aquél momento... En la actualidad existe aunque con alguna variación, (hay que leerlo para creerlo).
"LeOPpoLdO (Sus TRraBajOs)" otro de los cuentos... es una verdadera joya, escribe sobre los apuros de un escritor que quiere conseguir escribir algo importante, metáfora del que quiere escribir y que al final no es capaz de ponerse en marcha ya que el exceso de temas, de ideas....le impide escribir una sola palabra.
jueves, 15 de septiembre de 2011
Adel

En un mes dorado como sus cabellos, Adelina surcaba mis brazos en un tremebundo abrazo de pasión que le hacía surcar mi agé corps , y perderse entre mi atribulado deseo. Cómo encendía mi pasión esa mirada inocente, perdida, adornada con un pañuelo de transparente y sedoso deseo, que escondía su sonrisa.
Era verano, ese momento del año en el que todo parece posible, y el tiempo se detiene creando una burbuja, que te separa del resto del mundo y te susurra en el oído promesas de eternidad. Había llevado a la hija de mis vecinos, Adelina, Adel, mi Adel, a pasar unas semanas a un campamento de verano. A caballo entre la verdad y el embuste, pude cobijarme a la sombra de mi trabajo para justificar el acompañarla, y después solo tuve que mover mi dedo en el mapa un centímetro, para encontrar un motel que me permitiera estar próximo a mi ninfa.
Los lunes realizaban una ruta de senderismo a través del bosque, momento en el que ella siempre se desviaba para encontrarse conmigo, y permitirme hacerle el amor, desesperadamente. Retozábamos brevemente, pues ella debía retomar el curso rumbo al río, donde se encontraría con el resto del grupo para el esperado baño. Objeto de euforia para el resto y templo de termas relajantes para mi ninfa. Mientras, yo yacía en nuestro lecho de toallas, pelando con mi navaja la rugosa piel de un melocotón, para luego poder disfrutar de aquella verde fruta, de carde tersa, sabor dulce, y carácter agrio. Después de aquello volvía a mi motel, a relajarme en la ducha con los ojos cerrados, mientras revivía cada centímetro de su piel fresca, de sus protocaderas, pues es así como me gustaba verlas, y no andróginas por su puesto. De sus pechos incipientes, que no incompletos, de sus manos dulces… y no inacabadas. Con estos recuerdos me arrastraba en una nube de ensoñación hasta el final del día, momento en el cual recordaba lo que me esperaba al día siguiente. –Mañana es martes, toca clase de natación por la mañana y después de comer, cuando todos estén en la siesta, Adel, mi querida Adel, y yo, nos veremos en el bosque, en el mismo sitio que ayer, en el mismo lugar, de todas las semanas.
Aquel martes comenzó como los anteriores, mi ninfa yaciendo ante mí, conmigo encima y dentro de ella, disfrutando de aquel cuerpo liviano, hasta el final. Y justo en ese momento, cuando mi ninfa me obsequiaba esa carita de asco al saberse empapada, oí el quejido de unas ramas tras de mí. Era una de las monitoras, una mujer de unos treinta años que me miró como quien mira a un asesino, con el miedo en su rostro y el temblor en sus manos. Echó a correr y yo corrí también detrás de ella. La alcancé, y en el forcejeo rocé sus pechos, sin querer, y Dios sabe que no quería, pues aún recuerdo aquel volumen inmenso que casi podría llenar mi mano, la imagen de sus caderas que se alejaban tanto y tanto de su cintura, que quizá podrían llegar incluso hasta los 90 centímetros, en fin, una mujer completamente formada, una ninfa echada a perder. En el forcejeo me di cuenta de que todavía llevaba puesto el polo, y en el bolsillo seguramente estaría mi navaja. Clavé la hoja en su cuello y vi como su vida toda se derramaba sobre la arena. Al voltear, vi otra mujer, era Adel, pero aunque tenía su cuerpo, su aura la había abandonado, ya no era mi ninfa, el horror en su rostro la había dotado de una nueva mirada, una mirada que una niña no es capaz alcanzar. Allí, en aquel preciso momento, mi navaja acabó con la ninfa mucho antes de lo que lo habría hecho el paso del tiempo. Con un enorme pesar, tuve que sacar el acero del cuello, de mi primera víctima.

