miércoles, 12 de mayo de 2010

NO HAY COLOR

Un día más, entro con paso firme en el taller dispuesto a finiquitar de una vez la desidia que desde hace meses, años, arrastro con la pintura.
Dispongo los diferentes colores alrededor de mi vieja paleta, y sin apenas mirra coloco un lienzo sobre el caballete. No puedo evitar perder la mirada en la blanca inmensidad del cuadro.
Inquieto, comienzo a mezclar colores para luego de espontánea manera, comenzar a manchar sobre la tela, con prudencia primero y de caótica forma después.
Arrastro mi angustia a golpe de seca pincelada, con firmeza, sin absurdas dudas, sin criterio, sin fin.
Consciente de mis limitaciones como pintor, me atengo a seguir manchando el lienzo, cubriéndolo en su totalidad sin dejar espacio para que este transpire, sin espacio para la luz. La caótica mezcla de colores, genera o mejor degenera en negro. Un negro ciego, intenso, poderoso y codicioso que se dispersa con orgullo por el lienzo.
Intento rescatar la luz, hurgo en busca de colores ahora perdidos pero una irrefrenable fuerza me lleva a volver a cubrirlos en cuanto el más mínimo resquicio de luz empieza a asomar.
Creo nuevas texturas y soportes con afán creativo digo justificándome cuando en realidad se trata de un desesperado intento por librarme de cualquier indicio, por pequeño que este sea, de luz.
Extiendo la pintura con violencia, en busca de una forma, de un dibujo escondido entre tanta oscuridad, que me devuelva la vida, el color.
Insisto, me ensucio las manos, mi bata, pero no, no hay color, no hay luz, no hay nada……

lunes, 10 de mayo de 2010

Mi gata

Mi gata, perdón mi perra, es que en realidad parece una gata...independiente,silenciosa, observadora..
Estaba el jueves enfrascada en las tareas domésticas, preparando los dormitorios ya que venia un grupo de amigos de uno de mis hijos a dormir , cambiaba sábanas,preparaba toallas...
Para evitar que Simba subiese a las camas, iba cerrando las puertas a cal y canto.
Entre unas cosas y otras, metí en la lavadora un edredón, al introducirlo, me pareció tremendamente grande y pesado, fue difícil introducirlo ,(pensé que abultaba más que en otras ocasiones) aunque finalmente lo conseguí , marqué el programa y observé que funcionaba correctamente.
Continué organizando la casa, una vez había terminado, me dispuse a salir a la calle, era tarde , había quedado y no me gustaba ser impuntual.
Me gusta despedirme de Simba le llamé....
-Simba,Simba-
-me voy
-toma queso (algo que le saca de cualquier habitación en la que esté)
-¡vamonos!
-vamos a casa de la abuela (solo escuchar el sonido de las llaves sale disparada como una bala)
Pero no, no salía, no daba señales de vida...empecé a preocuparme...
Volví a abrir todas las habitaciones con la esperanza de que saliese....
...en un instante la preocupación se había convertido en temor...la había metido en la lavadora,
por eso me parecía tan extrañamente pesado el edredón, recorrí el pasillo con rapidez, me pareció oír un ladrido muy apagado. ¡si , está en la lavadora!.
El tambor estaba dando vueltas hacía un buen rato, desconecté la lavadora y abrí la cajetilla del jabón, desde allí volví a llamarle ¡me pareció una locura! había oído un tenue ladrido.
la lavadora tardó tres minutos en poder abrirse..fueron eternos...
Comencé a sacar con rapidez y con temor el contenido de la lavadora, no sabía con que podía encontrarme...la imaginación había hecho de las suyas.
Ufffffffffff allí no estaba.
Volví a llamarle, ya con un tono un tanto enfadada, no respondía, salí por la escalera, recorrí los ocho pisos, no estaba, había desaparecido.
Con la imperiosa necesidad de contar lo que ocurría , me dispusé a llamar a uno de mis hijos por teléfono .
En ese instante...y con absoluto sigilo ,apareció ella... mi gata, perdón mi perra.

Mo

domingo, 9 de mayo de 2010

PASION POR LA MÚSICA

Gente distinta al resto,distinta porque se sale de "la norma" , eligen un camino no siempre comodo; ser fiel a si mismos.Regalandonos los oidos por las calles o en el Metro.Luchadores necesitados de llenar su vida,transformando con la magia de la musica su invisible cotidianidad.Los admiro por dar la cara y exponerse valientemente,luchando por su sueño y andando contracorriente.Nómadas del desencuentro con una realidad que tropieza con su anhelo de volar libres.En perpetuo des-equilibrio entre realidad y ficción,encuentran su particular estabilidad.

sábado, 8 de mayo de 2010

Volver


No me hizo falta abrir los ojos para darme cuenta de que de nuevo estaba en casa. Mis músculos, todavía entumecidos después de reposar durante tanto tiempo en una cama articulada de hospital, ahora descansaban sobre el viejo colchón de mi dormitorio. Una cama que siempre me resistí a cambiar por un nuevo colchón de látex. Había tardado media vida en darle forma, y cuando al fin lo había conseguido, no tenia intención de abandonarlo a mejor suerte. Pude reconocer con agrado aquel impertinente muelle que siempre acababa haciéndose fuerte en la parte inferior de mi columna.
Arropado con mimo por aquel juego de sabanas, cuyo tacto y sobretodo aroma me resultaba tan familiar, todo un superviviente del marital ajuar que a pesar de sus demacrados y roídos colores y de ese tacto envejecido, casi nulo por el paso de los años, me arropaba con ternura mientras los últimos rayos de sol del día asomaban con timidez a través de la persiana, de mi ventana.
Esa ventana, antaño testigo mudo de tantos y tan entrañables recuerdos, ahora permanecía medio cerrada, en permanente ausencia.
Levanté la vista y allí estaban, libros, colecciones incompletas, colecciones de nada. Objetos colocados en ordenado desorden que de caótica manera se apilaban sobre los estantes y que a duras penas conseguían desviar la atención y conseguir lo imposible, que aquel rancio papel pintado pasase inadvertido. Una ardua tarea en la que colaboraban un par de posters de revista musical para adolescentes de los 80.
El viaje había sido tan largo y estaba tan cansado que difícilmente conseguía mantener los ojos abiertos.
Un leve murmullo, cúmulo de voces extrañas inundaba mi dormitorio. Ajeno a todos ellos, solo el ligero chirrido de la puerta consiguió sacarme de mi ausencia. Aquellos descarados rayos de luz me impedían ver con nitidez, noté como unos pasos se acercaban a mi cama, mientras alguien me cogia la mano.
- Mamaaaa, dije yo sin apenas escucharme.
Aquella mano, aquella piel me resultaba ajena.
Mamaaa, repetí esta vez sin mover los labios al tiempo que una nube de llanto contenido inundaba la habitación y sentí como esa mano ajena se iba soltando de la mía al tiempo que me cerraba los ojos.
Estoy tan cansado…..

En un instante

pommmmmmmmm...un golpe seco.....y...
Mis ojos solo recibían oscuridad, comencé a sentir las manos, no podía moverlas, ¿será de nuevo el sueño de la niñez?...esa barra que me sujeta e impide cualquier movimiento , que tanto me ha sobresaltado en las pesadillas y en cierta manera ha marcado mi vida.
continué recorriendo mentalmente mi cuerpo, fui descubriéndome de nuevo las piernas, los pies, podía moverlos aunque con dificultad, sentía fuertemente los latidos del corazón, la sangre que recorría todo el cuerpo, intenté articular una palabra, un sonido...nada salía de mi boca.
Podía pensar y eso parecía ser un gran alivio y a la vez me inquietaba, ocurría algo desconocido y pensé que estaba muerto.
Escuchaba un sonido mecánico trac,trac..., lo oía claramente, no estoy muerto, ¿dónde estoy, qué ha ocurrido?
Hice un gran esfuerzo y creo que moví algún dedo de la mano, pocos segundos después alguien se acercó, escuché sus pasos, su respiración, sentí calor en mi mano,me estaban acariciando.
Este no es mi mundo, donde vivía nadie se atrevía a tocarme, y menos los desconocidos, recordé que cualquier roce en el autobús necesitaba una disculpa y ahora...
ese calor hacía que me sintiese bien, me sentía vivo.
escuché una voz cálida,serena, segura.
-ha tenido un grave accidente, estás en la UCI del Hospital Clínico, no temas, no estás solo.
"Accidente, accidente,accidente..." estas palabras retumbaron en mi cerebro y a su vez me pusieron en alerta.
Los recuerdos solo llegaban a la parada del autobús, iba a realizar una gestión importante y ahora no recordaba nada más.
Pasaron varios días o quizás semanas, estaba muy sedado , pasaba día y noche dormido, no recordaba haber comido ni bebido, tampoco podía emitir un pequeño balbuceo.
Poco a poco desperté, quizás habían bajado la dosis de sedantes que me impedían sentir dolor .
Las neuronas empezaron a comunicarse, a conectarse y a provocar preguntas que se acumulaban en mi cerebro.
No habían respuestas ya que las preguntas se quedaban en mi interior.
Del miedo pasaba al pánico y a los sentimientos desbordados. Estoy vivo, y ahora qué. ¿quien soy? , no puedo sentir el aire que entra en mi boca ni el agua fresca en mis labios, no puedo transmitir mi miedo .
¿qué iba a ser de este yo desconocido?
Haciéndome estas preguntas, apareció de nuevo la voz cálida que durante días había escuchado
soy Masbud, su médico, creo que ya está preparado para escuchar lo que le ha ocurrido.
-El impacto que recibió fue tan brutal, que no sabemos como ha podido sobrevivir, su rostro ha desaparecido, tendrá que aprender a vivir sin el , respirará a través de un respirador tal como lo hacía en el vientre de su madre y se alimentará igualmente a través de una sonda ......
-deje de escuchar...
Hubo un gran silencio..., mi cerebro ya no procesaba ...el miedo había dejado las neuronas sin palabras...dejaron de transmitir cualquier sentimiento.
Escuché de nuevo la voz... podrá ver.....

jueves, 6 de mayo de 2010

El pañuelo de Julia


Como si de un autómata se tratase, Julia caminaba con la mirada perdida en el asfalto. Había comenzado a anochecer y después de dos trasbordos en autobús, todavía le quedaba un buen camino hasta llegar a casa. Comenzaba a chispear y Julia se refugió un instante a la sombra de un escaparate. Abrió el bolso y sacó un bonito pañuelo de flores que se colocó sobre la cabeza para protegerse de la lluvia. Mientras lo anudaba a su cuello, no pudo evitar esbozar una sonrisa al recordar el día en que Javier se lo regaló. De eso hace ya cerca de 9 años, aquel fue el último presente que le hizo su hijo, su pequeño como a ella le gustaba llamarle. Aquel fue el último día de la madre que celebraron juntos.
Lo que en principio parecía una ligera llovizna, acabó convirtiéndose en una breve aunque molesta tormenta de verano.
Julia aceleró el paso, aquella humedad no resultaba nada beneficiosa para sus doloridas piernas. Toda una vida trabajando para sacar adelante a sus 3 hijos, hacia tiempo que había comenzado a pasarle factura. Toda una vida deseando que llegase el ansiado momento de la jubilación, y ahora, cuando apenas le restaba un año para conseguirlo, ni siquiera se había planteado su futuro como jubilada.
El repicar del reloj de una iglesia cercana le sacó de un ligero letargo. Sobresaltada miró la hora, eran las 9 de la noche. Julia, nerviosa, avivó aun más el paso.
-Mi pequeño, musitó mientras intentaba esquivar los charcos que le precipitaban hacia su humilde barrio.
La lluvia era cada vez mas intensa, Julia corría esquivando a la gente, los coches, los charcos…. El agua empañaba los cristales de sus viejas gafas que ya a duras penas le permitían ver con claridad. Cruzó corriendo la calle, con tan mala suerte que al subir al bordillo, tropezó con este y cayó al suelo.
- Mi pañuelo, balbuceaba nerviosa después de ver como este salía disparado por un fuerte golpe de viento.
- Mi pañuelo, musitaba mientras era ayudada por una joven pareja que paseaba a su perro.
Un joven con bolsa de deporte al hombro, se acercó hasta ella y le entrego el ya ajado pañuelo. Julia lo cogió entre sus manos y agradecida a los jóvenes lo estrechó contra su pecho.
Al llegar a casa, le sorprendió el silencio sepulcral con el que fue recibida cuando abrió apresuradamente la puerta. Ya en el pasillo, comenzó a escuchar los sollozos, cada vez más cercanos que podían oír detrás de aquella puerta. Notaba como si cada uno de aquellos lamentos le arrancase un trozo de si misma, un trozo de su vida.
Al llegar frente a la puerta, abrió la habitación de su hijo. Javier lloraba desconsolado, gritando al tiempo que con los puños ya ensangrentados golpeaba una y otra vez la pared. Julia se acercó hasta el abrazándolo, y cogiéndole de la mano, abriendo su enfurecido puño ya sanguinolento, donde depositó una papelina que llevaba guardada en el escote.
El reloj de la iglesia volvió a sonar. Javier descansaba durmiendo como un niño sobre el regazo de su madre, mientras ella con aquel bonito pañuelo de flores le secaba las lágrimas.
- Mi pequeño

miércoles, 5 de mayo de 2010

El Agujero

Era asombrosa y de todo se asombraba, era como si desde su gran altura pudiese ver todo lo que ocurría en su mundo.
-quizás su mundo solo había sido una invención o una visión desde la altura.
Encontró en su camino a personas especialmente maravillosas, eran generosas, soñadoras, ilusionistas e ilusionadas, eso le gustaba, hacían que se sintiese viva ya que debido a su altura creía estar fuera del mundo.
Un día a muy temprana edad alguien le dijo que había perdido la risa, solo años más tarde se dió cuenta de esa verdad y comenzó a pensar en su vida, en la que creía no haber vivido. Descubrió que la decepción, el dolor, la injusticia, la mentira, el desamor y tantas y tantas situaciones vividas habían ido restando su risa, convirtiéndola en sonrisa para llegar a ser una mueca, se preguntó si realmente era ella o era un sinfín de mascaras que había ido colgándose a lo largo de la vida, quizás era eso pensó.
Y que había debajo....... ¿quien era realmente? si es que en verdad existía.
Se le ocurrió bajar de su altura, quizás así podría descubrir lo que para ella estaba tan lejano, no era fácil, su curiosidad era tremenda.
Hizo un agujero en la playa, se metió en el, solo le sobresalía la cabeza y los brazos y desde allí comenzó una nueva vida. Veía los pies de los niños correr, las olas que se acercaban y retornaban al mar, sentía el viento con olor a salitre, oía los movimientos de las olas, se escuchaban palabras difíciles de entender. Sintió la arena en su boca y vió con nitidez los distintos colores del agua, nunca en su larga y alta vida había descubierto lo que ahora le resultaba tan sencillo. Empezó a mover sus manos, la arena , húmeda, suave, brillante...sintió un placer desconocido y empezó a construir un pequeño camino por donde el agua llegaba hasta ella. Con la arena mojada podía crear formas, los niños con su gran curiosidad acudían y juntos modelaban formas y hacían caminos por donde el agua llegaba a ella, reía y reía, volvía a sentir la vida.
Llegó la noche, todo el universo estaba a su alcance. Se quedó dormida.
Al despertar sintió que sus piernas habían desaparecido, estaba sumergida en el mar y empezó a entonar una canción como solo las sirenas son capaces de cantar.
Mo